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jueves, 18 de noviembre de 2004

Mi temor es de Patria. Desde el Catatumbo... Por Salvatore Mancuso Gómez

En el preludio de la más grande desmovilización armada desde la guerra de los mil días, hace ya un siglo, a las puertas de un gesto de paz sin precedentes y en medio del mayor acto de fe en la democracia, en el Estado, y en los Colombianos, he vuelto a la región del Catatumbo, donde hace casi 6 años enfrentamos y liberamos del yugo de las guerrillas a esta región vital para la nación. Nuestra presencia permitió al Estado emprender la más ambiciosa erradicación de cultivos ilícitos; esto trajo como consecuencia la reducción del área cocalera, que entonces rondaba las 40.000 hectáreas, hasta las cifras de hoy, cuando hablamos de extensiones de alrededor de 3.000 hectáreas, según observadores calificados.

He vuelto y no logro eludir la conmoción de tantas sensaciones. Quizás por eso, prefiero compartirlas con ustedes en vez de confinarlas al espacio mudo de mis vivencias personales.

Estoy en el Catatumbo, todavía como Comandante de las Autodefensas, preparando la antorcha para levantarla y liderar a mis hombres y a las comunidades, a trasegar el brumoso sendero que los conduzca a una vida en concordia con la sociedad. No fallaré a la palabra empeñada, pero debo confesar que he sentido temor y desazón por la suerte de la población civil que durante tantos años ha desarrollado sus actividades al amparo de las Autodefensas y ahora tiembla ante nuestra inminente partida.

Siento la responsabilidad de los padres para con los hijos: temor ajeno, por la suerte de los que nos han confiado la salvaguarda de sus vidas y ahora no comprenden nuestra próxima ausencia. Mi temor es de patria, ante la duda de los pobladores acerca de si el Estado tendrá la vocación de atender con interés focal, cada zona liberada, como lo ha venido haciendo la Autodefensa.

Siento nostalgia por el futuro, y un inmenso compromiso, mientras pasan ante mis ojos los rostros curtidos de los valientes hombres que liberaron esta riquísima zona geográfica. ¿Cuántas veces sus vidas pendieron de un hilo en fragorosos combates? ¿Cuántos perdieron amigos y familiares en la lucha? ¿Cuántos rostros recuerdo, que ya no están? ¿Cómo olvidar el arduo ingreso de nuestra tropa, cuando el convoy de autodefensas que avanzaban a tomar posiciones fue atacado, con metralla y artillería, impactando precisamente el vehículo del Comandante Camilo? Perdimos hombres ese día, patriotas inmolados, pero avanzamos valerosamente, y años más tarde, ese mismo Comandante, presenta un parte de victoria y un liderazgo comunitario que son motivo de orgullo para el Bloque Norte de las AUC.

Anhelo la paz de Colombia con todas las fuerzas de mi alma, la anhelo con la convicción y el empeño de quien ha rondado demasiado largo por los callejones donde campea la muerte. He soñado conque algún día la Guerrilla entienda que la construcción de la Justicia Social, no pasa por las lenguas de fuego que despiden los cañones de fusil y abrace las causas de la nación en un acuerdo sobre lo fundamental.

Pero nuestro empuje hacia la paz muchas veces no es comprendido. Antes, debimos vencer un enemigo cruel, vengativo y sanguinario. A fe que lo hicimos. Pero ahora nos enfrentamos a un enemigo diferente, uno que no da tregua, un enemigo que se mueve sinuosamente en trincheras caligráficas, y que no estamos preparados para combatir; ese enemigo cambia de nombre, a veces se llama Apatía, otras, se denomina Incredulidad; por momentos se llama Venganza, y casi siempre lo identificamos como Desconfianza. ¡No nos quieren creer! Nosotros queremos la paz y se empeñan en dejarnos solos.

Me pregunto, si los intelectuales, la prensa escrita y radial, los noticieros de televisión, los columnistas de opinión; los académicos, antropólogos, sociólogos y tantos otros, en algún momento preferirán acercarse a Santa Fe de Ralito, o al Catatumbo, en vez de especular negativamente y con escepticismo sobre nuestra voluntad de paz.

A los que quieran venir, les invito a la verdadera Colombia, la que palpita por fuera de los linderos de fantasía del parque de la 93 y la zona T de Bogotá. Les espero aquí en Campo Dos y en la región del Catatumbo, en la Gabarra, donde nunca ha venido un Congresista o un Ministro, pero habitan miles de colombianos. Aquí estoy, aquí les aguardo, con el alma llena de esperanza, desarmado en ánimo y fortalecido en la fe de que los sueños son posibles. Vengan para que hablen con las comunidades y sepan quién las ha cuidado de la opresión guerrillera. Pregúntenles si nos temen, y por qué ante nuestra desmovilización, empieza un éxodo que nos angustia y que el gobierno no se ha interesado en contener.

Que grato sería contar entre nuestros visitantes a Rafael Pardo, a Gina Parodi, a Carlos Gaviria, a Luis Fernando Velasco, y a los parlamentarios que tallan el marco legal de la desmovilización y reinserción. Sabemos que existen muchas presiones desde el exterior. Sin desconocerlas, ojalá recuerden, mientras trabajan para Colombia y su necesidad de justicia, que este propósito loable no debe dar al traste con la urgencia de paz en el corazón de cada Colombiano de bien, por tomar demasiada distancia de la realidad sin advertirlo. Les invito a abandonar el territorio de lo virtual y diagnosticar sin contumacia, ante la escueta realidad nacional. Aquí estaremos esperándoles, a ellos y a todos los que deseen descifrar en nuestros ojos, el verdadero alcance de nuestra propuesta, que es solo una: Vivir en paz.

Entretanto, seguiremos produciendo hechos hasta derrotar los recelos y la desconfianza. Hoy, desde esta región bañada por el río Catatumbo, que serpentea orgulloso e inmenso, entre preciosas colinas de una patria que desde Bogotá parecerían querer ignorar. Mañana, continuaremos desde cualquier otra esquina de esta tierra que hemos aprendido a amar sobre el filo de la muerte, mientras luchamos por ella y su libertad.

A quienes quieran creer, quienes tengan en el alma espacio para construir, les estamos esperando, de seguro volverán restablecidos en sus certezas y confianza. ¡Ayúdennos a construir la Paz!

Catatumbo, 18 de noviembre de 2004
Salvatore Mancuso

jueves, 1 de julio de 2004

Discurso del Jefe del Estado Mayor de las AUC, Comandante Salvatore Mancuso, en el acto de Instalación Oficial del Proceso de Negociación entre el Gobierno Nacional y las Autodefensas Unidas de Colombia


Yo soy un empresario y padre de familia, al igual que muchos de mis compañeros que me acompañan hoy aquí, al que la guerra arrancó del seno de mi hogar y me incrustó en las montañas de Colombia.

Colombia se ha ganado con creces esta histórica jornada de paz en Santa Fe de Ralito. Los colombianos hemos sufrido demasiado los horrores de la guerra. Los colombianos hemos padecido durante décadas infames, el doble flagelo simultáneo de la violencia y la falta de Estado. Los colombianos nos merecemos iniciativas de paz, hechos de paz, voluntad de paz de parte de todos los grupos armados de izquierda y de derecha. También Colombia exige hoy un Estado distinto, un Estado mejor, un Estado que diga presente y no nos vuelva a abandonar ni en el campo, ni en la ciudad, ni en la guerra, ni en la paz.

Ha sido largo el camino recorrido por las Autodefensas desde San Juan Bosco Laverde, San Vicente de Chucurí y Puerto Boyacá en 1982, hasta Santa Fe de Ralito hoy, primero de julio de 2004 para cumplir la cita histórica con la paz de Colombia. Hace ya 22 años que se agitaron las primeras banderas contra el yugo subversivo que amordazaba la libertad, violentaba el derecho de propiedad y quebrantaba el derecho a la vida, frente a un Estado tan impotente como generoso. Éste abrió las cárceles a centenares de guerrilleros, destinatarios de la ley de amnistía, aprobada por el Congreso para abrir caminos de reconciliación, y que a la postre sólo conduciría a la frustración de La Uribe, a la hecatombe incendiaria del Palacio de Justicia y a la catástrofe humanitaria de la Unión Patriótica y del movimiento de Esperanza, Paz y Libertad, todos ellos, inmersos en el torbellino mortal de la violencia fratricida e intolerante.

En esa época nefasta de odio, venganza y terrorismo aparece el narcotráfico y encuentra a los ejércitos irregulares de las guerrillas, que rápidamente pasaron a constituirse en el componente armado del negocio de las drogas ilícitas y comienza a asumir a plenitud, su papel de financiador de la violencia de izquierda y luego de derecha en Colombia.

A la desgracia de la consentida indolencia del Estado, débil y complaciente con la violencia, como instrumento de lucha política en Colombia, se suma la aparición de la narcoeconomía de guerra en la confrontación armada. Bajo esta sombra, la soberanía nacional quedó confiscada y fraccionada. Así crecieron las repúblicas independientes de los actores políticos armados ilegales.

El colapso progresivo del Estado expresado en la crisis de Autoridad, en el desmoronamiento de la Justicia, en la desmonopolización de la Fuerza, en la depravación de las costumbres políticas y en la deslegitimación creciente de la democracia. Así, corrió paralelo un proceso fuerte de militarización y sustitución del Estado por parte de los actores armados irregulares, que invadieron los espacios de la institucionalidad pública, ocuparon los escenarios de acción de los actores sociales e intervinieron las estructuras de poder político local y regional.

En el caso particular del movimiento de Autodefensas Campesinas, esta circunstancia de negación del Estado sustituido por un Estado de facto, tuvo caracteres de legalidad y legitimidad, por cuanto que, aún para finales del decenio de los años ochenta, permanecía vigente el amparo jurídico de la ley 48 de 1968 que le otorgaba sustento legal a la Organización en armas. Desde este punto de vista es preciso conocer que nuestro movimiento antisubversivo, en su lejana génesis, hunde sus raíces en el terreno que previamente cedió y abonó el propio Estado. Años después, inmersos en el mundo de la ilegalidad, evolucionaríamos hacia el modelo de Autodefensa Campesina autónoma, con conciencia social y nacionalista.

En 1989, con la derogación de la ley que le otorgaba plataforma legal al movimiento campesino armado, las Autodefensas del Magdalena Medio y Urabá, comienzan una etapa de revisión interna que culmina con la decisión de avanzar hacia la desmovilización y desarme, en un proceso precipitado, confuso, incierto e improvisado con el Gobierno de entonces. Después de nueve años de tránsito por los caminos de la violencia oficialmente consentida, la Organización suscribe a finales de 1991, un acuerdo de sometimiento a la justicia que, a pesar del número tan significativo de desmovilizados, no comprometió a la totalidad de los miembros de las Autodefensas. Aquí se cierra el capítulo de lo que podríamos llamar la primera etapa histórica de las Autodefensas Campesinas.

Cuando aún no se había culminado el proceso de desmonte de las zonas de Autodefensa Campesina, las guerrillas de las FARC y del ELN, saltaron con enormes contingentes armados sobre esos territorios y desataron la más furiosa ola terrorista que tenga noción la historia reciente del país. Estas operaciones de retaliación criminal contra las comunidades, coincidieron con la determinación de las autoridades judiciales del Estado, de librar y hacer efectivas más de mil órdenes de captura, contra igual número de excombatientes de las Autodefensas, que habían tomado la decisión de desmovilizarse dos años antes.

Corrían los tiempos de la superioridad táctica y estratégica de las guerrillas comunistas, que anunciaban anticipadamente sus aplastantes y rotundas victorias militares en el Sur del país, y el salto definitivo de un esquema de guerra de guerrillas, a una guerra de movimientos y de posiciones, en las que llevó la peor parte el aparato militar del Estado. Prácticamente en esos momentos cruciales la iniciativa táctica contrainsurgente volvía a correr de cuenta del resurgimiento de las Autodefensas Campesinas.

La violación de los compromisos por parte del Estado, que ignoró los mandatos del contrato social en cuanto a la tutela de la vida, los bienes, la libertad y la justicia social, precipitó el resurgimiento espontáneo del movimiento armado de las Autodefensas Campesinas y, posteriormente, la agrupación en un solo proyecto nacional de todas las organizaciones regionales, bajo la divisa unificada de Autodefensas Unidas de Colombia.

Hoy, el círculo vicioso de la violencia recurrente debe y tiene que desaparecer de la faz de Colombia. Ha sido difícil, pero hemos agotado enormes esfuerzos, para presentar ante el país y el mundo a la Organización de Autodefensas Campesinas fuertemente cohesionadas alrededor del ideal de paz que a todos nos convoca en esta fecha. Aquí, como Jefe del Estado Mayor, estoy representando al noventa y cinco por ciento de las Autodefensas Unidas de Colombia. Esperamos que muy pronto la totalidad de las Autodefensas se incorporen a este proceso de negociación.

El fortalecimiento del Estado hoy, la recuperación de la confianza en las Instituciones, los ascendentes índices de seguridad y satisfacción ciudadana y, en fin, la restauración de los vasos comunicantes entre la Nación y el Estado, nos llevarían en un futuro próximo, dentro de un proceso de avanzada madurez política, a reconocernos innecesarios como Organización armada.

Desde la Mesa Única Nacional trabajaremos a fondo para superar lo militar y trascender en lo político. Este no es un proceso de paz para las Autodefensas Campesinas, es un proceso de paz para Colombia, de Colombia y por Colombia. De ahí que, para eliminar toda posibilidad que conduzca a un nuevo resurgimiento de la opción armada antisubversiva, nosotros como Autodefensas Campesinas avanzaremos, no hacia la desaparición como Organización, sino hacia la transformación en un movimiento político de masas a través del cual la retaguardia social de las Autodefensas pueda constituirse en una alternativa democrática que defienda, custodie y proteja los intereses, derechos y demandas de nuestras comunidades ante los poderes del Estado.

Si hay algo que tenemos claro las AUC es el compromiso social. Hemos trabajado por años en la construcción del bienestar comunitario y digno. Hemos defendido las tierras de nuestros campesinos, se ha sembrado la confianza en el campo y en el desarrollo socio-económico. Y hoy, hay que dejar algo claro: no abandonaremos esta misión social que ha caracterizado la organización y, es más: que fue parte de nuestro nacimiento.

Veintidós años en el campo de la guerra conllevaron, a hacer nuestras, un cúmulo de fidelidades lentamente construidas y a generar un entorno de solidaridad colectiva que terminaron por transmitir un gran poder político y social a las Autodefensas Campesinas. Esta realidad nos impone un compromiso con las comunidades, más allá de la seguridad que les brindamos durante el largo período de ausencia estatal.
No es posible concebir un sueño de paz duradero para los colombianos, si al lado de las bases militares no construimos hospitales y escuelas para los niños del Paramillo, de la Sierra Nevada, del Catatumbo, del Sur de Bolívar y de esos tantos territorios marginados que hay en Colombia.

Las Autodefensas Campesinas en este proceso de paz no demandamos la destrucción o transformación de las estructuras políticas, económicas y sociales del Estado y la sociedad, pero sí exigimos justicia social.

No nos apartamos de las dificultades de orden fiscal que enfrenta el Gobierno nacional, pero confiamos en que los enormes recursos que le ahorraremos a Colombia, al abandonar la guerra, serán destinados al propósito noble de construir la paz social que significa empleo, vivienda digna, educación, salud, servicios públicos básicos y seguridad social. Es decir, bienestar y sosiego para las nuevas generaciones que no merecerán jamás heredar esta larga noche de tragedia, muerte y ruina, que vivimos y pagamos las víctimas de esta guerra absurda.

El fin de este proceso no será únicamente lograr una firma en un acta simbólica, sino trabajar en el seguimiento de una gestión político-social. Nos afianzaremos como mediadores comunitarios, a través de un movimiento político en el que tendrá cabida todo aquel que desee construir un nuevo país y fortalecer las instituciones partiendo de la transparencia y la participación ciudadana.

A partir de hoy, en un verdadero acto de fe, tomaremos posesión del puesto que nos corresponde en la misión de construir la paz. Invocamos de Dios, la provisión de su misericordia infinita, para que su luz despeje las incertidumbres y dificultades del camino largo que emprendemos en este día memorable.

La negociación que se inicia en el día de hoy comienza por el desarrollo de los aspectos políticos, procedimentales, de asistencia social y de beneficios jurídicos que conlleven a un acuerdo que permita la superación definitiva del conflicto armado. El proceso concluye cuando nos hayamos incorporado todos a la vida civil, en condiciones de normalidad.

Daremos comienzo a nuestra misión, exponiendo ante Colombia y el Gobierno nacional, la propuesta de cinco grandes temas que conforman nuestra agenda básica de negociación, estos son:

1. Derechos Humanos, Derecho Internacional Humanitario, redefinición y verificación del cese de hostilidades.

2. Implementación y aplicación de políticas integrales de la tesis de seguridad democrática en las regiones de influencia de las Autodefensas Campesinas, tanto en el campo militar de la seguridad como en el campo social de la inversión.

3. Definición, ubicación y reglamentación de las zonas de concentración.

4. Erradicación y sustitución de cultivos ilícitos, en las zonas de influencia de las Autodefensas Campesinas.

5- Seguridad jurídica, derechos civiles, políticos y garantías de reincorporación a la vida civil.

Esta agenda temática incluye una serie de subtemas, cuyo debate será de gran importancia para la negociación, como lo relacionado con los principios de la verdad, la justicia y la reparación. Discusión que abordaremos con la mesura y desaprensión propias de quienes no nos sustraemos ni a los imperativos éticos y jurídicos del Estado Social de Derecho, ni tampoco a las concesiones o excepciones que el gran consenso nacional aconseje, con respecto a la prelación del interés supremo de la paz y la reconciliación.

Desde este escenario de Santa Fe de Ralito convocamos a la gran audiencia nacional, y a la comunidad internacional, para que mantengamos una fluida interlocución que nos ayude a enriquecer de razones nuestro propósito indeclinable de paz. Bienvenidos aquí las FARC y el ELN, exponentes de la izquierda y la derecha, defensores de los Derechos Humanos, dirigentes de los partidos políticos, líderes sindicales, miembros de las iglesias, indígenas, directivos de Organizaciones No Gubernamentales, dirigentes comunales, negritudes y exguerrilleros, periodistas y escritores públicos, estudiantes, profesores y académicos….en fin, bienvenida Colombia entera, aquí la paz nos da cabida a todos.

Las Autodefensas Unidas de Colombia damos un paso definitivo hacia la paz total. Esperamos de las guerrillas y del Estado reciprocidad y grandeza en esta hora que debe ser la hora de Colombia, la hora de escuchar el clamor de nuestra gente que no quiere más guerras entre hermanos, ni más familias destrozadas en nombre de una ideología o de la otra. Ya lo hemos dicho las Autodefensas: la mejor guerra es la que no se hace, la mejor guerra es la que logra evitarse. Para la guerra se requiere de una sola voluntad; para la paz, el deseo o el imperio de la mayoría.

Cuando alcancemos puntos de acuerdo sobre lo fundamental, cuando encontremos ese equilibrio entre lo deseado, lo necesario y lo posible, con toda certeza seguiremos luchando por los mismos ideales a los que hemos ofrendado nuestros mejores años. Pero será desde la barricada del pensamiento; dotados de la misma voluntad por derrotar a los peores enemigos de la Patria: la injusticia social, el analfabetismo, la pobreza y el marginamiento de quienes nunca han tenido oportunidades para el desarrollo de su existencia.

Falta mucho trecho por andar. El camino estará minado de escepticismo, habrá sabotajes constantes, nos atacarán a mansalva, pero ya nunca podrán derrotar nuestra voluntad de pelear en paz por una Colombia más justa. El campo de batalla de nuestra gesta, será el territorio del pensamiento y las ideas, y nuestro ejército será la opinión y el respaldo de 44 millones de colombianos que sabrán reconocer quién tiene voluntad de paz y quién tiene vocación de guerra y muerte.

La paz de los vencedores y los vencidos, de los arrogantes y los humillados, ni es verdadera ni es duradera.

La prédica de las guerrillas no debe confundir a nadie a estas alturas del siglo XXI: la guerra subversiva de las guerrillas comunistas es una guerra contra todos los colombianos, no solamente contra los combatientes que le hacen frente y se alzan contra ellas. La de las guerrillas comunistas colombianas es una guerra anacrónica y sin futuro contra las libertades y la dignidad del Pueblo colombiano. Y toda guerra contra las libertades y la dignidad de cualquier Nación de la tierra es también una guerra contra la Humanidad.

Las Autodefensas Unidas de Colombia venimos de transitar un largo y doloroso camino de respuesta armada ante la violencia y los agravios de las guerrillas marxistas al Pueblo colombiano, a su infraestructura económica y a sus vías de comunicación. Los crímenes de la guerrilla y la falta de presencia del Estado durante décadas no nos dejaron en los últimos veintidós años, más alternativa a los civiles que empuñar las armas y defender nuestras vidas, nuestra libertad, nuestra honra y nuestros bienes, con lo que estaba a nuestro alcance, sin formación militar y mucho menos vocación guerrera.

Sin embargo, en poco tiempo, descubrimos el invalorable aporte solidario de nuestro pueblo colombiano, que nos abrió los brazos para sumarse a nuestra lucha y puso sobre nuestros hombros la tremenda responsabilidad de su seguridad y bienestar social, para sus familias, y constituir desde la nada un ‘Estado de facto’, un ‘Estado’ carente de legalidad pero no de legitimidad que sustituyera al Estado ausente.

Nunca estuvo en nuestras mentes edificar este gigante, que tuvimos que ponerlo de pie y a caminar, por física necesidad y porque Dios, en nuestras conciencias, nos decía que ése era el camino correcto, que la Patria nos exigía ese sacrificio y que pasada la hora trágica, llegarían al fin tiempos mejores y de reconocimiento por parte de la Colombia oficial, a ‘la otra Colombia’ que las Autodefensas ayudamos a salvar y preservar de la muerte, de la pérdida de su libertad y del azote comunista.

Las condiciones sociales y económicas que hemos construido en unas zonas, y reconstruido en otras, deberán, antes que sostenerse, ser superadas con la presencia responsable de las Instituciones del Estado. Así se verá fortalecida la Democracia en su funcionamiento y será más legítima y transparente en todos los rincones de Colombia, en la protección de los colombianos ante toda agresión armada y ante todo terrorismo.

La Hora de la Paz ha llegado a Colombia. Nada volverá a ser igual para los enemigos de la convivencia pacífica entre los colombianos. A partir de esta histórica jornada de Santa Fe de Ralito se traza una línea clarísima de un antes y un después irreversibles en el conflicto político armado colombiano. Quienes insistan en la apelación a la guerra y se nieguen, atrapados en su estrechez mental, a iniciar conversaciones serias de paz recibirán el escarmiento militar de las armas de la democracia y la Constitución, y el repudio activo y plebiscitario de la población colombiana, así como el aislamiento internacional reservado a los enemigos de la Humanidad.

No podemos pasar por alto el reconocimiento y el fraternal saludo para todos aquellos integrantes de las Autodefensas que permanecen en las cárceles porque, sin su lucha y su sacrificio, no habría sido posible abrir este horizonte de paz que se vislumbra hoy desde Santa Fe de Ralito. Para ellos, nuestra solidaridad y nuestro compromiso de trabajar siempre, en esta negociación, por su pronta liberación y reincorporación a su familia y a la sociedad.

Gracias población de Tierralta, gracias Santa Fe de Ralito y todos los corregimientos y veredas por prestarnos, tan generosamente a todos los colombianos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo, su territorio y su corazón para esta negociación de paz. Gracias, cordobeses por sus sacrificios, abnegación y generosidad.

Gracias Colombia entera y Gracias Comunidad internacional por la inmensa solidaridad que valoramos y seguiremos necesitando.

Los caminos de la Paz están abiertos. La Paz de Colombia es hoy más posible y cercana que ayer. La hora de la Convergencia nacional debe convocar más temprano que tarde el tiempo de la Reconciliación y la Cooperación entre todos los colombianos.

Combatientes y Amigos de las Autodefensas: estamos comprometidos en este Proceso de Paz a dejar definitivamente atrás la participación militar en la guerra: Nunca la iniciamos, Nunca la quisimos, Nunca debió ser parte de nuestras vidas. Nunca debieron ser tan viles y criminales las guerrillas en contra de Colombia y de los colombianos y nunca debió ser tanta y tan inexcusable la ausencia y debilidad del Estado en la defensa de la Nación y el Pueblo colombiano.

Agradecemos a ustedes su presencia; hoy recurrimos a todas las naciones del mundo, para que nos ayuden a construir un futuro mejor, que nos permita transitar el camino difícil, que conducirá al bienestar y a la paz de 44 millones de colombianos.

Nuestro compromiso es grande. Construir la paz de Colombia es nuestra meta. Nuestra voluntad y nuestra fuerza son inquebrantables para construir el camino que conduzca a la paz, pero ese camino es difícil, largo y escarpado. No tenemos todo el conocimiento para hacer ese camino más corto, menos doloroso y traumático para los hijos de Colombia. Por esta razón les pedimos que nos acompañen y nos ayuden a recorrer este sendero, con su asesoría y sus luces, no nos dejen solos, requerimos de ustedes para asimilar con pragmatismo nuestra realidad y encontrar fórmulas de acuerdo. Les pedimos que nos ayuden a construir la paz que nos merecemos todos en Colombia.

No olvidemos en nuestra oración a Dios a ninguno de los muertos en esta horrible noche que aún no cesa, ni a los muertos en nuestras filas ni a los muertos de nuestros enemigos. Ni a los muertos inocentes, conocidos o desconocidos que todas las guerras traen consigo, ni a los huérfanos, ni a las viudas, ni a los mutilados y lacerados por la guerra. Pedimos perdón a Dios por lo que no supimos hacer bien, por nuestras equivocaciones y extravíos y también pedimos perdón a nuestros hermanos en Dios por lo que pudimos haber hecho mejor. Que al pedir y al conceder cristiano perdón, llegue el alivio que todos los colombianos necesitamos en nuestras almas y en nuestros corazones.

Colombianos y Amigos de Colombia: todavía inmersos en la agonía de la guerra, miremos aquí y ahora, a Colombia y al mundo con los ojos de un niño después de la guerra. Con los ojos de un niño que padeció la guerra sin dejar ni un solo instante de soñar con la Paz. Con esta Paz que hoy comenzamos a construir entre todos y para todos. Para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Para las generaciones que vendrán después.

Nunca más la guerra, para siempre la Paz, en Colombia y en todo el mundo.

Que Dios, a través de nosotros, realice sus designios de paz para todos los colombianos.

Muchas gracias.

Santa Fe de Ralito, 1 de julio de 2004

viernes, 5 de marzo de 2004

Concentración de Tropas de las AUC

Santa Fe de Ralito

Las AUC no nos oponemos a la concentración de nuestras tropas, siempre hemos deseado que sean el Estado y sus Instituciones quienes velen por la seguridad y el orden nacional. Nuestro anhelo es que Colombia sea un verdadero Estado social de derecho.

No queremos que las regiones queden a merced de las bandas criminales de las guerrillas y de otros delincuentes que amenazan la paz y el progreso en las zonas que hemos recuperado para la nación colombiana. Son varias las condiciones que deben cumplirse para dar el paso al abandono de las posiciones estratégicas que ocupan las tropas de Autodefensa en las montañas donde contienen el avance de los grupos guerrilleros:

A. En el ámbito de Seguridad Regional y Asistencia Social

1) El primer paso para avanzar hacia la concentración deberá ser el inicio de una serie de Foros de Concertación Social en Santa Fe de Ralito con presencia del Gobierno, donde puedan asistir representantes de las fuerzas vivas de los respectivos departamentos y municipios con presencia de las Autodefensas. Igualmente serán invitados los dirigentes campesinos y personas simpatizantes o no de nuestra Causa e incluso los mismos afectados. La intención de todo esto es buscar un compromiso directo del Estado con las garantías para los habitantes de estas regiones, y así poder avanzar las AUC hacia el desplazamiento de fuerzas y su agrupación en sitios que acordaremos con el Gobierno nacional.

2) Las concentraciones se harán de manera gradual y sucesiva en la misma medida en que el Gobierno reemplace con tropas institucionales la seguridad en las respectivas regiones y haya confianza en el Estado por parte de sus habitantes.

3) La presencia social del Estado igualmente deberá ser satisfactoria para los habitantes de estas regiones.

B. En el ámbito Político y Jurídico

1) Los salvoconductos que suspenden las órdenes de captura de los Miembros Negociadores son indispensables desde ya para proceder en la parte operativa que permita el desplazamiento hacia y dentro de las áreas donde se encuentran las tropas a concentrar. Igualmente el Gobierno brindará las garantías y condiciones que faculten a nuestros representantes internacionales que les permita la presentación y difusión pública del proceso con las AUC.

2) Desde el inicio de este proceso asumimos nuestra plena decisión de avanzar en él hasta la desmovilización total, aceptando mutuamente con el Gobierno nacional que su culminación no sería para conducirnos a prisión. Así mantenemos nuestra convicción. No estaríamos hablando de justicia sino de venganza y escarnio público, si la intención fuera el castigo para quienes le aportan a la Paz.

3) Paralelo al tiempo de las concentraciones se creará en Santa Fe de Ralito una mesa de consolidación de los acuerdos políticos que permitan pactar las condiciones para avanzar hacia la desmovilización. Estos acuerdos deberán realizarse con los representantes del Congreso responsables de debatir la aprobación de las respectivas leyes, de las fuerzas vivas de la nación, la Iglesia, las ONG de derechos humanos, las víctimas de la violencia, sindicalistas, la gente colombiana, y los representantes de la comunidad internacional. Estos acuerdos se llevarán a leyes que ofrezcan garantías jurídicas a los reinsertados.

4) Se establecerán acuerdos de alcance nacional e internacional con el Estado colombiano, entre ellos, su compromiso de no autorizar la extradición de los miembros de las Autodefensas que cumplan lo pactado. La comunidad internacional deberá ser consecuente con la paz de Colombia, y los reinsertados de las AUC asumen su compromiso irrenunciable de respeto a la Constitución y las leyes colombianas, de tal manera que se nos permita el retorno a la sociedad con los plenos derechos de ciudadano corriente.

5) Los acuerdos cobijarán a todos los miembros de las AUC que iniciaron este Proceso de Paz con el Gobierno nacional.

CARLOS CASTAÑO
VICENTE CASTAÑO
SALVATORE MANCUSO
JORGE CUARENTA
DIEGO VECINO
ADOLFO PAZ
HERNÁN HERNÁNDEZ
RAMIRO VANOY
LUIS EDUARDO CIFUENTES
FRANCISCO TABARES
MIGUEL ARROYAVE
JORGE PIRATA
Autodefensas Unidas de Colombia-AUC
Estado Mayor

Santa Fe de Ralito, 5 de marzo de 2004