martes, 6 de julio de 2010

Carta a Gustavo Petro Urrego e Iván Cepeda Castro

Colombia, 6 de julio de 2010

Doctores
Gustavo Petro Urrego
Senador de la República
Iván Cepeda Castro
Representante a la Cámara Electo
Bogotá

Respetados doctores:

Los ex comandantes desmovilizados de las autodefensas campesinas, actualmente acogidos al régimen de justicia transicional contemplado en la ley 975 de 2005, respetuosamente nos dirigimos a usted con el fin de formular algunas comedidas reflexiones, a propósito de su propuesta al presidente electo doctor Juan Manuel Santos, encaminada a considerar, entre otros, la temática de víctimas y tierras, como componente del gran Acuerdo de Unidad Nacional.

Comenzamos por reiterar, en cuanto a las víctimas del conflicto interno respecta, que ninguna posición o aporte nuevo que pudiera considerarse, podrán ser ajenos a los referentes de la verdad y la reparación, obligaciones que hemos asumido como condiciones sustantivas de la justicia conmutativa, de la cual fue oferente el Estado en representación de la nación, como el instrumento de superación de la violencia desatada por los aparatos armados organizados, tanto en el interior del fenómeno paramilitar cuanto en el seno del movimiento guerrillero.

Para hablar sólo de lo que a nosotros concierne, significamos con lo expresado en las últimas líneas, que el aparato armado –inmerso dentro del fenómeno macro del paramilitarismo- constituye la punta del iceberg de este fenómeno cuya magnitud, aún no se ha exhibido ante los ojos del país en su real dimensión. Mientras tal circunstancia perviva, el paramilitarismo, hijo de la impunidad consentida, reproducirá en el tiempo y en el espacio, como la hidra de Lerna, su brazo armado.

Creemos, a modo de ejemplo, que cuando el Dr. Petro plantea ante el país la existencia en abstracto de 4 millones de hectáreas de tierra del más alto valor comercial, en manos del paramilitarismo y de lo que denomina las mafias del poder, no podrá estar refiriéndose al reducido número de dos docenas de ex comandantes de las extintas autodefensas, sometidos voluntariamente a la Justicia, como dueños en la sombra de semejantes extensiones. Pensando que sus cálculos, acaso discretos, abarcan la cobertura del fenómeno paramilitar en pleno, donde campean políticos, empresarios, funcionarios de alto nivel, grandes contratistas, inversionistas extranjeros y miembros de la fuerza pública. Todos ellos, ojalá, tan próximos a los beneficios de la Justicia de transición, como lo tendría que ser ante la sociedad su honesto compromiso con la verdad y la reparación, expuesta y jurada en los mismo escenarios judiciales, adonde concurrimos hoy nosotros bajo igual consigna y desde luego con la promesa irreversible del NUNCA MÁS.

Si ciertamente la opinión pública miró con beneplácito los alcances del inconcluso y controvertido proceso de paz, entre el Gobierno Nacional y las autodefensas campesinas, en cuanto a la real desactivación de las estructurar armadas, que eran la fuerza de choque del fenómeno paramilitar; tampoco resulta menos cierto que el país continúa evidentemente insatisfecho, y confía que la ley de Justicia y Paz, enfocada hoy principalmente a los ex combatientes, sea sometida a los ajustes que aconsejan las circunstancias actuales, para que realmente se convierta en el instrumento idóneo que le ponga fin al fenómeno paramilitar, el cual no estuvo en el orden del día de la mesa de negociación ni interesó al proceso de paz aludido.

Estamos atentos y muy interesados en participar y aportar, por los medios que se nos facilite, en el debate que insinúa la propuesta al nuevo gobierno. Nos parece que el problema concreto del acaparamiento de la tierra, la usurpación y concentración de la propiedad agraria, la violencia y el desplazamiento en el campo, y la consiguiente injusticia social contra el campesino, temáticas en las que con tanto empeño han persistido Uds., atienden y comportan situaciones no conocidas, las cuales por esta razón tampoco han sido abordadas dentro del contexto de la llamada verdad verdadera… aquella que nosotros conocimos, vivimos y protagonizamos durante más de 25 años de permanencia en los escenarios del conflicto.

De nada valdrá la desmovilización y desarme de las estructuras de autodefensas; de nada valdrá la comparecencia de los ex combatientes a la Justicia; de nada valdrá la aplicación del beneficio punitivo de la pena alternativa; en fin, de nada valdrá la verdad y la justicia a medias si quienes personifican el fenómeno paramilitar desde los distintos estadios de la sociedad y el Estado continúen agazapados detrás de los parapetos del poder político y económico, evadiendo a cualquier precio, la responsabilidad que están llamados a asumir.

Es incuestionable que la paz se construye a partir de los presupuestos básicos de Justicia, Verdad y Reparación. Pero no es dable concebir que este compromiso sea únicamente deber de quienes materializaron la guerra. La para-política como la para-institucionalidad, la para-economía, entre otros, tienen su puesto en el banquillo de los acusados, como hoy lo tenemos en las cárceles quienes hartados de la guerra asumimos el gesto honesto de renunciar a la violencia, presentándonos ante Colombia con el único rostro que poseemos.

Con nuestros más sinceros deseos de aportar a la construcción de un mejor país.

Respetuosamente,

FREDY RENDÓN HERRERA
RAÚL EMILIO HASBÚN MENDOZA
RODRIGO PÉREZ ALZATE
ARNUBIO TRIANA MAHECHA
JORGE IVÁN LAVERDE ZAPATA
ÁLVARO SEPÚLVEDA QUINTERO
EDWAR COBOS TÉLLEZ
JESÚS IGNACIO ROLDÁN

miércoles, 12 de mayo de 2010

Entrevista de Salvatore Mancuso concedida al periódico El Colombiano

12 de mayo de 2010


Entrevista por Carlos Alberto Giraldo
El Colombiano, de Medellín

DESDE PRISIÓN, EN Virginia, E.U., el ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso habla de su situación y del proceso con las Auc. Dice que es imposible esclarecer la verdad con un Gobierno que silencia las "alianzas macabras" que alentaron el poder.

A dos años de su extradición a Estados Unidos, al lado de la mayor parte de los jefes de la cúpula paramilitar, Salvatore Mancuso acusa al Gobierno de impedir sistemáticamente que avance la reconstrucción de la verdad sobre los crímenes y las relaciones de las autodefensas con poderes militares, económicos y políticos "que se lucran con la guerra".

Mancuso responde un cuestionario que este diario hizo llegar a su celda en la cárcel Northern Neck Regional, en Warsaw, Virginia, donde permanece desde agosto de 2009. Está absolutamente aislado del resto de los internos y no sabe si allí están presos otros ex jefes "paras".

En esa relación de poderes y de personajes con las Auc, Mancuso mencionó de nuevo al vicepresidente Francisco Santos y al hoy candidato a la presidencia Juan Manuel Santos, quienes han negado en repetidas ocasiones cualquier vínculo o pacto con el ex jefe paramilitar y con las autodefensas, y quienes han pedido a la Fiscalía investigar sus actuaciones.

Tras dos años de su extradición, ¿qué reflexión e impresión tiene hoy de la negociación de las Auc con el Gobierno?
"El Gobierno me demostró que nunca tuvo real voluntad de privilegiar la construcción de paz, ni con las autodefensas ni con las guerrillas. El Gobierno le mintió al país y no cumplió su palabra ni su propia Resolución 303 de 2004 donde se comprometió a suspender mi extradición si yo cumplía unas condiciones las cuales cumplí en su totalidad. Hubo durante la era Bush un contexto político nacional e internacional que el Gobierno utilizó en beneficio propio, de su reelección y no de la paz de Colombia. El Gobierno lo pudo hacer con una alta dosis de maquiavelismo sin pagar un precio político proporcional a su gravedad pero al altísimo costo ético de una tragedia humanitaria para Colombia y sus víctimas, que exigirán cada día con mayor insistencia conocer no solo la verdad del conflicto armado sino también las verdades que permanecen ocultas sobre el azaroso desarrollo y estado actual del proceso de paz con las Auc".

Sabiendo lo que ocurrió, ¿negociaría una desmovilización hoy?
"Este Gobierno abusó de la favorabilidad tan generosa que le dispensó la opinión pública, y en nuestro caso defraudó la confianza que pusimos desde 2002 en su invitación a trabajar juntos para reinstitucionalizar el país y llevar el Estado social de derecho a las regiones que fueron de influencia de las autodefensas. Volvería a desmovilizarme pero lo haría con menos confianza y muchísima prevención ante las posibles maniobras y traiciones de este poder político gubernamental y con garantes que el gobierno evitó por todos los medios para poder hacer prevalecer sus intereses particulares por encima de los intereses de la nación y poder incumplir lo pactado. Lo haría con veeduría de la sociedad civil, mediación de la Iglesia y presencia nacional e internacional de garantes que aseguren eficazmente con su imparcialidad que los acuerdos serán respetados dentro de un marco legal de riguroso cumplimiento para las partes. Insistir en la lucha armada es un gravísimo error de las guerrillas y las autodefensas rearmadas y una apuesta equivocada por parte de este Gobierno que espero remedie el próximo Presidente. Confío que a partir del 7 de agosto un gobierno distinto al actual le devuelva a Colombia la confianza en la legalidad y la democracia, y trabaje de la mano con la sociedad por la solución política, y no solo represiva, del conflicto armado".

Frente a las víctimas, ¿qué reflexión le merece estar preso y traer a su mente el recuerdo de las acciones de las Auc?
"Quienes predican la guerra es porque no la han conocido, o encarnan aquello de que los sueños de la razón engendran monstruos. Seguiré pidiendo perdón por las acciones abusivas y criminales de las Auc cuando excedieron toda proporcionalidad y razonabilidad de las acciones propias de una guerra, que de por sí siempre constituye un crimen contra la humanidad por mayor justicia que se quiera atribuir a sus causas. El dolor de todas las víctimas merece mi congoja, respeto y solidaridad, y compromete mi determinación de seguir adelante con Justicia y Paz, por la Verdad y la Reparación. No me cansaré de pedir perdón a las víctimas, el resto de mi vida ayudaré sin claudicaciones a alcanzar la reconciliación y la paz".

¿Será posible que el pueblo colombiano conozca alguna vez la verdad total de lo que pasó, de las relaciones de las Auc con sectores militares, políticos y económicos?
"Con este Gobierno ha sido imposible avanzar en la construcción de esa verdad porque nos lo ha impedido, ha preferido silenciar y ocultar las causas que mantienen vivo el conflicto armado y sirven como cortinas de humo que camuflan las corruptelas que alientan los nefastos poderes de turno. Solo el mea culpa del Estado, de los actores ilegales y la verdad sin eufemismos del gobierno y los actores involucrados en el conflicto nos liberarán de que hechos tan terribles se repitan.

La verdad que interesa al país y a las víctimas no se limita al brazo ejecutor sino que se alza río arriba y llega a quienes mueven los hilos del conflicto armado, quienes se lucran con la guerra, aquellos que establecen pactos, alianzas macabras que incluyen clases políticas, intereses empresarios, y altos mandos de las fuerzas de seguridad que alentaron el terrorismo de Estado. Sobre esta madeja criminal centré el desarrollo de mis versiones libres desde diciembre de 2006, y todo 2007, cuando mencioné incluso a personajes de tanto relieve como el vicepresidente Francisco Santos y el hoy candidato presidencial Juan Manuel Santos. No me limité a preparar con conciencia mis versiones libres sino que alenté a quienes habían sido mis hombres en la guerra a contar lo que sabían, incluso a mis ex compañeros comandantes los fui persuadiendo en el mismo sentido de no tenerle miedo a decir la verdad. Desde Itagüí envié más de diez cartas a las autoridades para que me facilitaran reunirme con mis ex subordinados para presentar la verdad ante Justicia y Paz del modo más completo posible con la información disponible. Pero aquel esfuerzo mío lejos de recibir el apoyo gubernamental aceleró en 2008 la decisión de extraditarme cuando al notar que no lograban silenciarme se confabularon todos los rabos de paja y verdaderos responsables de la tragedia que no quieren les caiga encima la responsabilidad que les cabe y prefieren criminalizar a unos pocos eludiendo responder ante la justicia, ante las víctimas y ante la historia".

¿Qué sabe de sus familiares, de la seguridad que tienen, de las garantías de protección que les ofrece el Gobierno, han tenido que salir del país?
"Mi preocupación es inmensa porque el Gobierno ha sido sordo a mis constantes reclamos, como si tanta angustia no solo mía sino de las víctimas actuales y las que debiera evitar el Estado le fuese totalmente indiferente; considero una perversidad que el Gobierno utilice esos temores para que no se conozcan las verdades".

¿Cómo se siente un hombre que tuvo tanto poder económico y hombres en armas y hoy está reducido a las paredes de una cárcel de máxima seguridad?
"Pertenecí a una organización armada ilegal que propuso al Gobierno desmovilizarse en el momento de su mayor poderío militar, económico, político y social. Me siento al igual que los desmovilizados de las Auc que actuamos de buena fe traicionados en nuestra buena fe por este Gobierno que subordinó el proceso de paz a su interés particular y estrategias de guerra. Traicionados también porque son ya 2.200 los desmovilizados asesinados y decenas de sus familiares muertos con el afán de silenciarlos y tender un manto de ignominia y calumnia sobre su destino atroz. Ante esta desgraciada realidad se suma la desazón personal de no tener hoy siquiera las condiciones y herramientas mínimas para trabajar con mejores y más prontos resultados por la paz y la reconciliación y el renacer próspero de una mejor Colombia como sigue siendo mi sueño y mi compromiso".

¿Qué piensa del conflicto armado colombiano hoy, de la guerrilla, de la corrupción y de los grandes problemas nacionales?
"La degradación del conflicto, la pobreza, la exclusión, el agravamiento del tema agrario, el narcotráfico, han seguido avanzando a pesar de nuestra desmovilización por la miopía guerrerista del Gobierno y sus oídos sordos al diálogo y los consensos. Veo con optimismo que en Colombia los ciudadanos se aprestan a votar mayoritariamente un mandato de legalidad y democracia por encima de cualquier mandato de guerra. Es un clamor popular que los actores del conflicto armado tendrán que tomar en cuenta, no solo las guerrillas y los demás ilegales sino también el nuevo Gobierno a partir del 7 de agosto. No veo contradicción entre seguridad y legalidad, más bien advierto que siendo conceptos centrales de toda democracia, es la seguridad la que debe subordinarse a la legalidad y no a la inversa. Los años no pasan en vano y las democracias maduran con su ejercicio y aprendizaje, no solo los ilegales, también los ciudadanos y los gobiernos deben entender que dentro de la Ley todo está permitido, y fuera de la Ley nada debe ser tolerado. Ese es el norte que me llevó a impulsar la desmovilización de las Auc, ojalá se convierta en el norte del nuevo Gobierno y Colombia apoye el esfuerzo. Veo que Colombia va en esa dirección cansada por tantos abusos, acciones ilegales, excesos y promesas incumplidas. Así lo manifiesta y manifestará en las elecciones presidenciales".

¿Tantos muertos, tanta violencia, tanto sufrimiento y dolor de un lado y de otro, para qué?
"El conflicto no lo originamos las autodefensas sino que la violencia nos arrastró, su difusión es responsabilidad primaria del Estado. Nadie pero mucho menos el Estado debiera permitirnos tomar la vida del prójimo o inducirnos u obligarnos a tomar esa vida en nuestras manos. Por eso urge hallar una solución al conflicto para que no se sigan acumulando víctimas, es el gran desafío del nuevo presidente porque el actual no pudo y se siguen produciendo víctimas. Si algún sentido puede encontrarse a la existencia del mal en el mundo es el de hacer que el bien se manifieste en contraste y remedio del mal. Las guerras no tienen otro sentido ni consecuencia que hacer desear la paz con más intensidad y así buscar los caminos del diálogo que conducen a ella. Colombia no puede demorar más la construcción de la paz, tengo eso muy claro desde cuando lideré el proceso de desmovilización y en ese camino sigo comprometido aunque este Gobierno haya pretendido silenciarme y extraditarme desterrándome de la solución de la tragedia colombiana".

De acuerdo con su proceso en E.U., ¿qué piensa de su suerte, ve posible salir de la cárcel, volver al país, hacer una nueva vida, o eso está lejos?
"Con Dios y la ayuda de su divina providencia todo es posible, sin ello cualquier intento es insuficiente. Mi vida es un acto de fe y lo seguirá siendo. Las personas merecemos una segunda oportunidad y para lograr ello las penas no deben ser ni pocas ni muchas, solo justas y deben servir para la resocialización y la reinserción por encima del castigo, la retaliación y la estigmatización".

¿De qué le sirvieron al país las Auc, para qué sirvieron sus acciones, su participación en la guerra interna?
"Por diversas razones que ya son historia, y no solo por la participación de las Auc en el conflicto armado, las guerrillas no pudieron imponer por medio de las armas su proyecto político. Las Auc fueron producto de una época aciaga de Colombia y del mundo, de la combinación de factores y formas de lucha, cuya responsabilidad recae sobre muchas naciones que hicieron que la guerra se generalizara y golpeara la puerta de quienes jamás debimos haber caído en sus tenebrosas redes".

¿Qué hace en prisión, cómo son sus horas y qué piensa de Colombia, hoy tan lejos, tan ajena?
"Lejos sí, pero ajena jamás. Mi cuerpo está en los E.U. pero mi corazón nunca se ausentó de Colombia. Allí están mis afectos y mi pasado, también mi futuro y razón de vivir, y tantísima gente a la cual le debo respeto y reconocimiento fraternal por su compromiso de paz y su incansable trabajo por la reconciliación nacional. Aquí las horas pasan lentas y la nostalgia es infinita, sin embargo, Dios sabe cómo hace las cosas, y con mis oraciones en Dios deposito mis culpas, mi arrepentimiento y también mis esperanzas. Lo que lamento ahora es que donde me debato en pos de verdad y reconciliación, solución política negociada y paz con justicia, haya quienes con malevolencia y prejuicio y porque se sienten afectados en sus intereses, incitan a ver resentimiento y mentira allí donde mis actuaciones ante la Justicia solo buscan el esclarecimiento de las verdades, y con ellas el fin de la cadena de mentiras y retaliaciones y el ingreso de Colombia al círculo virtuoso del perdón, la unidad nacional, la inclusión social y la pacificación de los espíritus". 

lunes, 7 de diciembre de 2009

Carta a los Honorables Congresistas de la República de Colombia

Warsaw, Virginia, 7 de diciembre de 2009.
Northern Neck Regional Jail.

Honorables
Congresistas de la República de Colombia
E.            S.            M.

Reciban un respetuoso saludo seguido por el éxito de sus importantes labores legislativas.

Agradezco la oportunidad que me brindan para hacer unos humildes aportes al propósito político común de alcanzar la paz y la reconciliación, que es de la mayor importancia para el presente y futuro de Colombia.

La ley de justicia y paz se creó con el propósito de reincorporar a la vida social a los grupos armados al margen de la ley que contribuyeran de manera efectiva a la consecución de la paz nacional, y como tal está concebida con el propósito de salvaguardar los derechos de las víctimas y de los desmovilizados, adoptando estándares internacionales de justicia transicional con unas exigencias mínimas en cuanto a verdad, justicia, reparación y no repetición, que le sirviera de cauce a la fase judicial de un proceso de negociación político de paz para ponerle término al conflicto social y armado que azota a Colombia hace 6 décadas.

Con nuestro decidido compromiso y valiosa participación, a pesar de todos los obstáculos que nos han colocado, la ley 975 de 2005 ha tenido su primera aplicación práctica, y gracias a ello ha mostrado sus bondades, pero también sus graves falencias que reclaman con urgencia reformas que se ajusten a las exigencias de las realidades actuales del proceso de paz, del conflicto, dentro del propósito político para el que fue creada, de los hechos y su contexto, para que cobijen todas las circunstancias, personas e instituciones involucradas en el conflicto armado, entre un Estado y una legislación que cumplan, que nos protejan, que hagan posible vivir  con plenas garantías de derechos humanos, jurídicos y políticos. Esta ley reclama con urgencia que sea rescatada del abandono en el que ha entrado, y en Ustedes honorables congresistas recae sobre sus hombros la responsabilidad de solucionar los problemas que aquejan a las poblaciones que los eligieron, especialmente cuando se trata de alcanzar la paz con justicia social tan esquiva para todos los desprotegidos de la nación, que son la mayoría, no pueden desconocer estas necesidades, y son los llamados en medio de esta gran polarización en que se encuentra Colombia, no solo a prorrogarla sino también, a hacer los ajustes y modificaciones a la ley 975, o a crear las condiciones que sean necesarias para alcanzar la paz y la reconciliación.

Son los llamados a crear los mecanismos flexibles pero muy precisos para que los altos tribunales y los operadores judiciales así como el gobierno y sus dependencias no le den una libre interpretación, algunas veces con intereses acomodados y malsanos, como mostraré más adelante, que han permitido lograr los vacíos que tiene la ley, que se evidenciaron desde su creación y se aumentaron al ser objeto de examen de constitucionalidad mediante sentencia C-370 de la Corte Constitucional, cuando declaró algunos artículos fundamentales inexequibles, o exequibles condicionalmente, más por cuestiones de forma que de fondo, y que se han hecho evidentes a través del tiempo con la aplicación de la ley, especialmente en mi caso y el de mis hombres por ser los que más hemos avanzado al estar más comprometidos, y que para subsanarlos han tratado de ser llenados con nueva jurisprudencia, que más que complementar la existente, lo que hace es entorpecerla, porque además de los intereses que motivan a esa jurisprudencia parecen pensadas para ser aplicadas a la criminalidad común de los Estados, y no a la derivada de un conflicto social armado, civil e irregular, lo que además genera desconfianza y no permite tener reglas claras de interlocución con las víctimas, con los actores del conflicto y especialmente con los desmovilizados que se debaten entre avanzar o retirarse del proceso de justicia y paz, ante tanta incertidumbre, ante tanta inseguridad jurídica, política, física, en medio de tanta violencia, de incumplimientos, traiciones, del genocidio que ha cobrado la vida de más de 2.000 desmovilizados y centenares de nuestros familiares para silenciarnos, del narcotráfico que el Estado no ha podido controlar, etc, etc, constatando con dolor que la oferta real política de paz de este gobierno, se ha convertido en más exclusión política, social, económica, aislamiento, cárcel quizás de por vida por las falencias de la ley, extradición o muerte.

Hasta hoy es incierto tanto para las víctimas como para los desmovilizados, el proceso de paz y la aplicación de la ley de justicia y paz que haga viable la impartición de justicia, el esclarecimiento de la verdad, la reconciliación, la reparación y la obtención de una pena alternativa de manera pronta, en un tiempo que no sea violatorio de nuestros derechos fundamentales y que no exceda el máximo tiempo de condena  de 8 años que otorga la ley como pena alternativa. Con la metodología de hoy no alcanzarán los años de este siglo para su aplicación. Por ahora, si comparamos, la justicia ordinaria se aplica en menor tiempo, es más rápida y sin tantos enredos metodológicos ni exigencias, y la condena máxima que otorga de 40 años [1] , se convierte realmente en una pena de 6 años [2] físicos de cárcel. Lo que además significa que si en justicia y paz nos dan una pena alternativa superior a 6 años, estaríamos recibiendo una condena mayor a la máxima pena que nos darían en justicia ordinaria si  aportamos toda la colaboración que estamos entregando en justicia y paz, lo que se ha convertido en otra de las causales que tiene al borde del fracaso el proceso de justicia y paz, que además impide el avance de otros actores del conflicto y que ha incidido fuertemente en el rearme al darse cuenta los desmovilizados que no existe un verdadero sacrificio de una buena dosis de justicia a cambio de aclimatar la paz, y por el contrario lo que ven es que no importa cuánto hayan colaborado sus ex compañeros, las condenas alternativas nunca llegan, ni siquiera en el caso de los que llevan más de 8 años presos. En pocas palabras, lo que hay es un incentivo perverso para que se silencie la verdad.

Al momento de la creación de la ley de justicia y paz había un desconocimiento casi total –excepto del gobierno Uribe al que le contamos- de la magnitud del entramado del conflicto armado Colombiano de sus implicaciones y derivaciones, pero hoy gracias al compromiso de muchos de nosotros los desmovilizados con el proceso de paz y entre ellos el de reconstruir la verdad necesaria para sanar las heridas y evitar la repetición de esta guerra fratricida que se viene reciclando hace décadas por la responsabilidad  del Estado y aun con su complicidad, ya se tiene gran parte del conocimiento necesario para hacer los ajustes y tomar los correctivos necesarios si en verdad no queremos seguir prolongando el conflicto, el narcotráfico, la corrupción, etc, etc, y generando más víctimas.

El panorama sigue siendo muy complejo mientras exista esta pugna de poderes, donde el gobierno ha impedido que se conozca la verdad para no asumir, entre otros, la mayor carga de responsabilidad que le corresponde a él y al Estado por tantos años de conflicto armado, promoviendo una ley que impide que las poblaciones que estuvieron desprotegidas por ellos y bajo el dominio y control de los diferentes actores de poder del conflicto armado, cuenten sus verdades, sin ser considerados delincuentes comunes, ni ser judicializados por contar los hechos en los que por obligación les tocó participar, ni ir a ser proscritos ni muertos civilmente o físicamente, en este caso, incluso por los nuevos actores que han retomado los territorios que entregamos al gobierno después de nuestra desmovilización donde viven o vivían, por la irresponsabilidad e indolencia de este gobierno. Como está diseñada la ley, ni permite ni promueve contar la verdad y por el contrario estas poblaciones deben ocultar o callar acerca de la verdadera realidad del conflicto que les tocó vivir y a mentir cuando son acusados por la justicia o indagados por la comisión de la verdad que creó el gobierno, es por esto que si las poblaciones y todos no participamos en la reconstrucción de la verdad, el gobierno y los jueces tratarán de establecer una verdad histórica sesgada, parcelada, reescribiéndola empujados por sus pleitos e intereses, egoísmos y retaliaciones desde el código penal y desde la comisión de la verdad que creó y maneja el gobierno a su acomodo, sin tener en cuenta las razones y causales políticas, sociales, culturales, sociológicas, económicas, de seguridad, legales, ilegales e históricas que originaron y siguen alimentando el conflicto interno colombiano,  por eso les impiden participar, porque con ello harían más evidente lo que ya es inocultable: el Estado es el mayor responsable de esta tragedia nacional, del conflicto social armado que hunden sus raíces y razones en la injusticia, la corrupción, en la violencia política impuesta por los partidos y las clases dominantes, en la exclusión política y social, etc, etc, o ¿ Acaso no fue la exclusión política, la falta de representación política de los intereses más necesitados de la población, iniciando por la SEGURIDAD cuando la guerrilla nos convertía en carne de cañón, por la omisión del Estado y de aquellos que decían representar estos intereses, lo que nos convirtió en víctimas y luego –como en este caso- reclutado por el estado, en actor del conflicto, donde generamos violencia y víctimas?   ¿Acaso el conflicto armado y los actores del mismo, no somos la consecuencia de la exclusión política del Estado, de cerrarle los espacios democráticos, de no brindar las garantías de seguridad necesarias a las poblaciones? ¿Acaso esa exclusión y la falta de representación política que ayude a solucionar las necesidades más apremiantes de la población y defienda sus intereses no es lo que sigue generando más víctimas, desplazados, violencia, pobreza, corrupción, narcotráfico y prolongando el conflicto?

¿Acaso el gobierno nacional no es el responsable y el garante de la seguridad y los derechos humanos de los colombianos?

¿Por qué se empeñan en negar las causas, satanizar a los alzados en armas señalando que se trata de delincuencia desprovista de carácter político y no aceptar la existencia del conflicto armado? Detrás de esta visión sesgada y maniquea anida el fantasma de la guerra perpetua, porque desconocer que fuimos un actor político del conflicto social y armado de Colombia, con un gran poder autónomo en lo político, social, militar, económico, que fue de lo local hasta lo nacional, en medio de un entramado legal e ilegal, privado y público, individual y colectivo del que participaron para poder establecernos y expandirnos, las fuerzas armadas, policiales y de seguridad del Estado, políticos, servidores públicos, ganaderos, gamonales, empresarios, profesores, estudiantes, campesinos, etc, etc, algunos -hoy judicializados- y que desde allí luchamos también por conseguir espacios directos de acceso al poder público para dar respuesta a las demandas no solo de seguridad para las poblaciones de todos los estratos de las regiones que controlábamos, sino también a las demandas sociales de las poblaciones marginales y más necesitadas.

Otro ejemplo de ello y de los graves vacios de la ley que se tratan de llenar con una libre interpretación, son algunas jurisprudencias emanadas de los más altos tribunales nacionales, decisiones que como ciudadano respeto pero que, con todo comedimiento considero no consultan las realidades del conflicto armado, y de esta forma se reescribe la historia acomodada a una visión que no se compadece con las verdades vividas, como sucedió con la sentencia que le reconoció a un miembro  de la autodefensa el delito político de sedición, reconociéndonos con ello como actores políticos de conflicto armado y en fallos subsecuentes lo hizo en forma contraria, desconociendo el delito político y de paso la realidad de lo vivido. Además anuló la única sentencia que un tribunal de justicia y paz dicto contra un desmovilizado y ordenó que no se pueden hacer imputaciones parciales, solo de forma extraordinaria, lo que impide hacer acumulación de procesos que se llevan por justicia ordinaria paralelos a los de justicia y paz, que en su mayoría se han iniciado por las copias que compulsan nuestros fiscales en un desgaste innecesario, violatorio de nuestros derechos fundamentales, también hemos encontrado que los diferentes operadores judiciales no han podido cambiar su paradigma y les ha sido difícil entender que la ley de justicia y paz corresponde a una ley de justicia transicional, enmarcada dentro de una política criminal del Estado colombiano que surge de la necesidad de esclarecer hechos punibles que con el mecanismo tradicional de la ley ordinaria no se habían podido esclarecer y conducían siempre a la impunidad, generando zozobra, inseguridad y violación al derecho a las víctimas, por lo que en su parte procedimental no debe aplicarse con tanta exégesis, porque de lo contrario nunca habrá justicia y reparación menos paz y reconciliación. La fiscalía general de la nación ha dictado unas resoluciones reglamentarias para la aplicación de una metodología que nos tomará esta vida y la otra para su aplicación. Los tribunales de justicia y paz aplican criterios diferentes a los de la fiscalía general de la nación que no permite armonizar los procedimientos.

El gobierno nacional además de tratar de llenar los graves vacíos de la ley con una libre interpretación a través de sus decretos reglamentarios también se abrogó cuando presentó el proyecto de ley de justicia y paz aprobado por el Congreso algunas facultades que habilitan de manera activa su participación en la aplicación de la ley a través de una serie de normas que hay que limitar, para que con ello no pueda controlar la dosis de verdad, justicia y reparación que debe darse, ni usurpe con ello la competencia de otras ramas del poder público, en este caso la judicial, ya que estas normas le dan las siguientes facultades, entre otras:

a.       Postular a quienes pueden ser destinatarios de la ley. Con esto el gobierno decide quién puede y quién no entrar a contar las verdades que exige la ley.

b.      Establecer a la agencia presidencial para la ACCION SOCIAL, como la encargada de recibir, administrar y decidir qué bienes de los entregados por los postulados tienen vocación de reparación. Esta agencia se ha negado sistemáticamente y sin justificación válida a recibir la casi totalidad de los bienes ofrecidos por los desmovilizados para reparar a las víctimas, para con esto amenazar con la pérdida de los beneficios de la ley a los jefes desmovilizados y así poder dosificar la verdad.

c.       La ley 975 estableció que los procesados y condenados por justicia y paz pagarían sus penas en sitios especiales conforme a la reglamentación existente. El gobierno no cumplió con ello y no ha permitido reunirnos a los antiguos combatientes de cada bloque de autodefensa en un solo sitio de reclusión para poder reconstruir las verdades con las circunstancias de tiempo, modo y lugar que exige la ley, impidiéndolo a través del Ministerio del interior y justicia y del INPEC, su dependencia encargada del manejo carcelario.

d.      Decidir sobre la extradición, la cual condiciono a través de un acto administrativo donde estableció que no se produciría siempre que se cumpliera con los compromisos adquiridos en justicia y paz. Acudiendo a la vía de hecho el gobierno nacional incumplió la motivación de la resolución que impedía la extradición, ya que hasta el día de hoy no existe una sentencia judicial de autoridad competente en firme que demuestre que los miembros de las autodefensas extraditados, incumplieron con los compromisos de justicia y paz; aún más, el saliente fiscal general de la nación Mario Iguarán Arana aseveró en Mayo de este año que “La fiscalía no ha encontrado elementos que soportan la extradición de los desmovilizados de las AUC que están en justicia y paz”, lo que significa que el presidente con nuestra extradición violó el principio constitucional de confianza legítima y buena fe, el derecho a la presunción de inocencia, el debido proceso, el derecho a la defensa, nuestros derechos fundamentales y los de las víctimas y el principio esencial de la separación de poderes dentro del Estado social de derecho, lo que demuestra la ilegalidad de nuestra extradición para con ella silenciarnos.

Lo escrito hasta aquí pone de manifiesto algunos de los graves problemas que afrontamos y son ustedes como los representantes de las poblaciones afectadas por el conflicto, unos de los llamados a ayudarnos a solucionarlos, por ello me atrevo a hacerles algunas humildes recomendaciones:

1.- Hacer unas reformas sustanciales a la ley y al proceso de paz, de reconciliación articuladas y complementarias en lo político y social, con reglas claras muy precisas que se puedan cumplir ajustadas a las exigencias de las realidades que no fueron tenidas en cuenta desde el comienzo ni por el Gobierno ni por los legisladores ni por las cortes que no dimensionaron la magnitud del reto y que muestran con absoluta contundencia  su insuficiencia ante el propósito de alcanzar la paz con  verdad, justicia, reparación y no repetición.

2.- Crear un  grupo interdisciplinario conformado por las distintas ramas del poder público que se encargue de ejecutar el proceso de paz dentro del marco de la política criminal planteada dentro del mismo. Por ejemplo, desarrollar versiones libres colectivas y no individuales, implementando una metodología distinta a la actual que sea muy eficiente y coherente con las exigencias del proceso, con el objetivo de darle celeridad para no permitir que los procesos se vuelvan incumplibles e interminables, y evitar que con ello se vulneren los derechos fundamentales de las víctimas y de los desmovilizados. 

3.-  Crear una comisión internacional de la verdad que permita la participación de las poblaciones en la reconstrucción de las realidades que vivieron y que aún viven, creando mecanismos que vayan más allá de lo estrictamente penal y de ser necesario, que se pueda aplicar un principio de oportunidad con la finalidad de hacer viable un diagnóstico real de la verdad que algunos tratan de ocultar y disfrazar utilizando todo tipo de estrategias y eufemismos, diagnóstico que sirva como punto de partida para encontrar fórmulas para alcanzar la paz y evite se siga repitiendo y reciclando el conflicto armado o se siga reescribiendo la historia acomodada  a intereses mezquinos. 

4.- Involucrar la responsabilidad del Estado en el conflicto armado, entre otras, para que no tenga pretexto de encontrarle una pronta solución y no se niegue a reconocer a las víctimas, asuma su reparación integral, eficaz, oportuna y justa sin discriminarles y evite que mañana se sigan presentando más víctimas.

5.- Replantear la política de reinserción que ha sido un fracaso y otras de las causas que han incidido en el rearme de muchos desmovilizados y el genocidio de más de 2.000 de ellos.

6.- Repatriar a los extraditados que estén dispuestos a avanzar en justicia y paz con el objetivo de esclarecer los delitos cometidos durante y con ocasión de la pertenencia al grupo armado, porque los de narcotráfico ya los hemos esclarecido  a las autoridades de Estados Unidos y desde este país jamás nos darán las condiciones para cumplir con las exigencias de la Ley en Colombia y menos con las víctimas. Permitirnos participar del proceso a través de una videoconferencia resuelve el problema accesorio y no el fundamental para el que fue creada la ley.

7.- Implementar mecanismos eficaces con nuestra participación que permitan la erradicación del flagelo del narcotráfico, conozco por qué fallan las estrategias utilizadas hasta hoy, sé cómo ayudarles a reducir los cultivos en más de un 90% en un tiempo no mayor a dos años y a reactivar las economías lícitas que lo sustituyan.

8.- Los delitos de las guerrillas y autodefensas están enmarcados dentro de un contexto de guerra donde ejercieron control territorial, se sostuvieron en él, cobraron tributación, impusieron la ley, la justicia y la disciplina en nombre de una autoridad de facto, etc, etc, como actores políticos del conflicto social armado al que fuimos llevados por la exclusión política, social y económica a la que nos sometió el Estado, por lo que pedimos que se reconozca el delito de la autodefensa como lo que es: un delito político y a su vez la participación de quienes hayan pagado las penas en escenarios públicos y democráticos, para que no tengan que seguir expresando sus ideas políticas a través de las armas y la violencia, para que se puedan reinsertar a la sociedad con todos los derechos y se integren legítimamente a la vida democrática.

9.- Abordar el tema de la tierra dentro del conflicto armado y las reformas necesarias, ya que la inmensa mayoría de tierras usurpadas en esta guerra no están en poder nuestro, sino en poder de aquellos inversionistas que compraron cuando el conflicto estaba en su expresión más álgida y se beneficiaron de ello, con el grave perjuicio de los campesinos y colonos que quedaron en la mitad del fuego cruzado y de un Estado que los desprotegió y no contuvo este conflicto y su barbarie, que él mismo generó con su exclusión, y promovió con sus acciones u omisiones, generando miles de víctimas y millones de desplazados. 

El gobierno, ustedes como Congreso y la justicia deben asumir sus compromisos y responsabilidades para saldar la deuda histórica que tiene el Estado colombiano con la nación entera, al excluirnos de darnos los beneficios de la paz que nos deben y otros más, de los que solo unos pocos gozan, y de proteger y garantizar la vida y demás derechos que esa gran cantidad de colombianos no tienen como hacerlo.

Después de todo lo sucedido no se entendería que no se incluya también permitir nuestra colaboración después de la desmovilización. Permítanme por favor ayudarlos a Ustedes y a la sociedad a mejorar y llevar a buen puerto este primer proceso de paz enmarcado dentro de unos estándares de justicia transicional, soy el mejor ejemplo para que juntos lo logremos.

Con todo respeto,


SALVATORE MANCUSO GOMEZ



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[1] Al momento de nuestra desmovilización estaba vigente la ley 600 que permite un máximo de 40 años de condena.
[2] Rebajas: Hasta del 50% por declararse culpable. Hasta del 25% por colaboración (por favorabilidad de la ley 906). De aquí, 3/5 partes  se hacen en la cárcel y a esto se le obtiene  una redención  de 1/3 parte por trabajo y/o estudio.