lunes, 7 de diciembre de 2009

Carta a los Honorables Congresistas de la República de Colombia

Warsaw, Virginia, 7 de diciembre de 2009.
Northern Neck Regional Jail.

Honorables
Congresistas de la República de Colombia
E.            S.            M.

Reciban un respetuoso saludo seguido por el éxito de sus importantes labores legislativas.

Agradezco la oportunidad que me brindan para hacer unos humildes aportes al propósito político común de alcanzar la paz y la reconciliación, que es de la mayor importancia para el presente y futuro de Colombia.

La ley de justicia y paz se creó con el propósito de reincorporar a la vida social a los grupos armados al margen de la ley que contribuyeran de manera efectiva a la consecución de la paz nacional, y como tal está concebida con el propósito de salvaguardar los derechos de las víctimas y de los desmovilizados, adoptando estándares internacionales de justicia transicional con unas exigencias mínimas en cuanto a verdad, justicia, reparación y no repetición, que le sirviera de cauce a la fase judicial de un proceso de negociación político de paz para ponerle término al conflicto social y armado que azota a Colombia hace 6 décadas.

Con nuestro decidido compromiso y valiosa participación, a pesar de todos los obstáculos que nos han colocado, la ley 975 de 2005 ha tenido su primera aplicación práctica, y gracias a ello ha mostrado sus bondades, pero también sus graves falencias que reclaman con urgencia reformas que se ajusten a las exigencias de las realidades actuales del proceso de paz, del conflicto, dentro del propósito político para el que fue creada, de los hechos y su contexto, para que cobijen todas las circunstancias, personas e instituciones involucradas en el conflicto armado, entre un Estado y una legislación que cumplan, que nos protejan, que hagan posible vivir  con plenas garantías de derechos humanos, jurídicos y políticos. Esta ley reclama con urgencia que sea rescatada del abandono en el que ha entrado, y en Ustedes honorables congresistas recae sobre sus hombros la responsabilidad de solucionar los problemas que aquejan a las poblaciones que los eligieron, especialmente cuando se trata de alcanzar la paz con justicia social tan esquiva para todos los desprotegidos de la nación, que son la mayoría, no pueden desconocer estas necesidades, y son los llamados en medio de esta gran polarización en que se encuentra Colombia, no solo a prorrogarla sino también, a hacer los ajustes y modificaciones a la ley 975, o a crear las condiciones que sean necesarias para alcanzar la paz y la reconciliación.

Son los llamados a crear los mecanismos flexibles pero muy precisos para que los altos tribunales y los operadores judiciales así como el gobierno y sus dependencias no le den una libre interpretación, algunas veces con intereses acomodados y malsanos, como mostraré más adelante, que han permitido lograr los vacíos que tiene la ley, que se evidenciaron desde su creación y se aumentaron al ser objeto de examen de constitucionalidad mediante sentencia C-370 de la Corte Constitucional, cuando declaró algunos artículos fundamentales inexequibles, o exequibles condicionalmente, más por cuestiones de forma que de fondo, y que se han hecho evidentes a través del tiempo con la aplicación de la ley, especialmente en mi caso y el de mis hombres por ser los que más hemos avanzado al estar más comprometidos, y que para subsanarlos han tratado de ser llenados con nueva jurisprudencia, que más que complementar la existente, lo que hace es entorpecerla, porque además de los intereses que motivan a esa jurisprudencia parecen pensadas para ser aplicadas a la criminalidad común de los Estados, y no a la derivada de un conflicto social armado, civil e irregular, lo que además genera desconfianza y no permite tener reglas claras de interlocución con las víctimas, con los actores del conflicto y especialmente con los desmovilizados que se debaten entre avanzar o retirarse del proceso de justicia y paz, ante tanta incertidumbre, ante tanta inseguridad jurídica, política, física, en medio de tanta violencia, de incumplimientos, traiciones, del genocidio que ha cobrado la vida de más de 2.000 desmovilizados y centenares de nuestros familiares para silenciarnos, del narcotráfico que el Estado no ha podido controlar, etc, etc, constatando con dolor que la oferta real política de paz de este gobierno, se ha convertido en más exclusión política, social, económica, aislamiento, cárcel quizás de por vida por las falencias de la ley, extradición o muerte.

Hasta hoy es incierto tanto para las víctimas como para los desmovilizados, el proceso de paz y la aplicación de la ley de justicia y paz que haga viable la impartición de justicia, el esclarecimiento de la verdad, la reconciliación, la reparación y la obtención de una pena alternativa de manera pronta, en un tiempo que no sea violatorio de nuestros derechos fundamentales y que no exceda el máximo tiempo de condena  de 8 años que otorga la ley como pena alternativa. Con la metodología de hoy no alcanzarán los años de este siglo para su aplicación. Por ahora, si comparamos, la justicia ordinaria se aplica en menor tiempo, es más rápida y sin tantos enredos metodológicos ni exigencias, y la condena máxima que otorga de 40 años [1] , se convierte realmente en una pena de 6 años [2] físicos de cárcel. Lo que además significa que si en justicia y paz nos dan una pena alternativa superior a 6 años, estaríamos recibiendo una condena mayor a la máxima pena que nos darían en justicia ordinaria si  aportamos toda la colaboración que estamos entregando en justicia y paz, lo que se ha convertido en otra de las causales que tiene al borde del fracaso el proceso de justicia y paz, que además impide el avance de otros actores del conflicto y que ha incidido fuertemente en el rearme al darse cuenta los desmovilizados que no existe un verdadero sacrificio de una buena dosis de justicia a cambio de aclimatar la paz, y por el contrario lo que ven es que no importa cuánto hayan colaborado sus ex compañeros, las condenas alternativas nunca llegan, ni siquiera en el caso de los que llevan más de 8 años presos. En pocas palabras, lo que hay es un incentivo perverso para que se silencie la verdad.

Al momento de la creación de la ley de justicia y paz había un desconocimiento casi total –excepto del gobierno Uribe al que le contamos- de la magnitud del entramado del conflicto armado Colombiano de sus implicaciones y derivaciones, pero hoy gracias al compromiso de muchos de nosotros los desmovilizados con el proceso de paz y entre ellos el de reconstruir la verdad necesaria para sanar las heridas y evitar la repetición de esta guerra fratricida que se viene reciclando hace décadas por la responsabilidad  del Estado y aun con su complicidad, ya se tiene gran parte del conocimiento necesario para hacer los ajustes y tomar los correctivos necesarios si en verdad no queremos seguir prolongando el conflicto, el narcotráfico, la corrupción, etc, etc, y generando más víctimas.

El panorama sigue siendo muy complejo mientras exista esta pugna de poderes, donde el gobierno ha impedido que se conozca la verdad para no asumir, entre otros, la mayor carga de responsabilidad que le corresponde a él y al Estado por tantos años de conflicto armado, promoviendo una ley que impide que las poblaciones que estuvieron desprotegidas por ellos y bajo el dominio y control de los diferentes actores de poder del conflicto armado, cuenten sus verdades, sin ser considerados delincuentes comunes, ni ser judicializados por contar los hechos en los que por obligación les tocó participar, ni ir a ser proscritos ni muertos civilmente o físicamente, en este caso, incluso por los nuevos actores que han retomado los territorios que entregamos al gobierno después de nuestra desmovilización donde viven o vivían, por la irresponsabilidad e indolencia de este gobierno. Como está diseñada la ley, ni permite ni promueve contar la verdad y por el contrario estas poblaciones deben ocultar o callar acerca de la verdadera realidad del conflicto que les tocó vivir y a mentir cuando son acusados por la justicia o indagados por la comisión de la verdad que creó el gobierno, es por esto que si las poblaciones y todos no participamos en la reconstrucción de la verdad, el gobierno y los jueces tratarán de establecer una verdad histórica sesgada, parcelada, reescribiéndola empujados por sus pleitos e intereses, egoísmos y retaliaciones desde el código penal y desde la comisión de la verdad que creó y maneja el gobierno a su acomodo, sin tener en cuenta las razones y causales políticas, sociales, culturales, sociológicas, económicas, de seguridad, legales, ilegales e históricas que originaron y siguen alimentando el conflicto interno colombiano,  por eso les impiden participar, porque con ello harían más evidente lo que ya es inocultable: el Estado es el mayor responsable de esta tragedia nacional, del conflicto social armado que hunden sus raíces y razones en la injusticia, la corrupción, en la violencia política impuesta por los partidos y las clases dominantes, en la exclusión política y social, etc, etc, o ¿ Acaso no fue la exclusión política, la falta de representación política de los intereses más necesitados de la población, iniciando por la SEGURIDAD cuando la guerrilla nos convertía en carne de cañón, por la omisión del Estado y de aquellos que decían representar estos intereses, lo que nos convirtió en víctimas y luego –como en este caso- reclutado por el estado, en actor del conflicto, donde generamos violencia y víctimas?   ¿Acaso el conflicto armado y los actores del mismo, no somos la consecuencia de la exclusión política del Estado, de cerrarle los espacios democráticos, de no brindar las garantías de seguridad necesarias a las poblaciones? ¿Acaso esa exclusión y la falta de representación política que ayude a solucionar las necesidades más apremiantes de la población y defienda sus intereses no es lo que sigue generando más víctimas, desplazados, violencia, pobreza, corrupción, narcotráfico y prolongando el conflicto?

¿Acaso el gobierno nacional no es el responsable y el garante de la seguridad y los derechos humanos de los colombianos?

¿Por qué se empeñan en negar las causas, satanizar a los alzados en armas señalando que se trata de delincuencia desprovista de carácter político y no aceptar la existencia del conflicto armado? Detrás de esta visión sesgada y maniquea anida el fantasma de la guerra perpetua, porque desconocer que fuimos un actor político del conflicto social y armado de Colombia, con un gran poder autónomo en lo político, social, militar, económico, que fue de lo local hasta lo nacional, en medio de un entramado legal e ilegal, privado y público, individual y colectivo del que participaron para poder establecernos y expandirnos, las fuerzas armadas, policiales y de seguridad del Estado, políticos, servidores públicos, ganaderos, gamonales, empresarios, profesores, estudiantes, campesinos, etc, etc, algunos -hoy judicializados- y que desde allí luchamos también por conseguir espacios directos de acceso al poder público para dar respuesta a las demandas no solo de seguridad para las poblaciones de todos los estratos de las regiones que controlábamos, sino también a las demandas sociales de las poblaciones marginales y más necesitadas.

Otro ejemplo de ello y de los graves vacios de la ley que se tratan de llenar con una libre interpretación, son algunas jurisprudencias emanadas de los más altos tribunales nacionales, decisiones que como ciudadano respeto pero que, con todo comedimiento considero no consultan las realidades del conflicto armado, y de esta forma se reescribe la historia acomodada a una visión que no se compadece con las verdades vividas, como sucedió con la sentencia que le reconoció a un miembro  de la autodefensa el delito político de sedición, reconociéndonos con ello como actores políticos de conflicto armado y en fallos subsecuentes lo hizo en forma contraria, desconociendo el delito político y de paso la realidad de lo vivido. Además anuló la única sentencia que un tribunal de justicia y paz dicto contra un desmovilizado y ordenó que no se pueden hacer imputaciones parciales, solo de forma extraordinaria, lo que impide hacer acumulación de procesos que se llevan por justicia ordinaria paralelos a los de justicia y paz, que en su mayoría se han iniciado por las copias que compulsan nuestros fiscales en un desgaste innecesario, violatorio de nuestros derechos fundamentales, también hemos encontrado que los diferentes operadores judiciales no han podido cambiar su paradigma y les ha sido difícil entender que la ley de justicia y paz corresponde a una ley de justicia transicional, enmarcada dentro de una política criminal del Estado colombiano que surge de la necesidad de esclarecer hechos punibles que con el mecanismo tradicional de la ley ordinaria no se habían podido esclarecer y conducían siempre a la impunidad, generando zozobra, inseguridad y violación al derecho a las víctimas, por lo que en su parte procedimental no debe aplicarse con tanta exégesis, porque de lo contrario nunca habrá justicia y reparación menos paz y reconciliación. La fiscalía general de la nación ha dictado unas resoluciones reglamentarias para la aplicación de una metodología que nos tomará esta vida y la otra para su aplicación. Los tribunales de justicia y paz aplican criterios diferentes a los de la fiscalía general de la nación que no permite armonizar los procedimientos.

El gobierno nacional además de tratar de llenar los graves vacíos de la ley con una libre interpretación a través de sus decretos reglamentarios también se abrogó cuando presentó el proyecto de ley de justicia y paz aprobado por el Congreso algunas facultades que habilitan de manera activa su participación en la aplicación de la ley a través de una serie de normas que hay que limitar, para que con ello no pueda controlar la dosis de verdad, justicia y reparación que debe darse, ni usurpe con ello la competencia de otras ramas del poder público, en este caso la judicial, ya que estas normas le dan las siguientes facultades, entre otras:

a.       Postular a quienes pueden ser destinatarios de la ley. Con esto el gobierno decide quién puede y quién no entrar a contar las verdades que exige la ley.

b.      Establecer a la agencia presidencial para la ACCION SOCIAL, como la encargada de recibir, administrar y decidir qué bienes de los entregados por los postulados tienen vocación de reparación. Esta agencia se ha negado sistemáticamente y sin justificación válida a recibir la casi totalidad de los bienes ofrecidos por los desmovilizados para reparar a las víctimas, para con esto amenazar con la pérdida de los beneficios de la ley a los jefes desmovilizados y así poder dosificar la verdad.

c.       La ley 975 estableció que los procesados y condenados por justicia y paz pagarían sus penas en sitios especiales conforme a la reglamentación existente. El gobierno no cumplió con ello y no ha permitido reunirnos a los antiguos combatientes de cada bloque de autodefensa en un solo sitio de reclusión para poder reconstruir las verdades con las circunstancias de tiempo, modo y lugar que exige la ley, impidiéndolo a través del Ministerio del interior y justicia y del INPEC, su dependencia encargada del manejo carcelario.

d.      Decidir sobre la extradición, la cual condiciono a través de un acto administrativo donde estableció que no se produciría siempre que se cumpliera con los compromisos adquiridos en justicia y paz. Acudiendo a la vía de hecho el gobierno nacional incumplió la motivación de la resolución que impedía la extradición, ya que hasta el día de hoy no existe una sentencia judicial de autoridad competente en firme que demuestre que los miembros de las autodefensas extraditados, incumplieron con los compromisos de justicia y paz; aún más, el saliente fiscal general de la nación Mario Iguarán Arana aseveró en Mayo de este año que “La fiscalía no ha encontrado elementos que soportan la extradición de los desmovilizados de las AUC que están en justicia y paz”, lo que significa que el presidente con nuestra extradición violó el principio constitucional de confianza legítima y buena fe, el derecho a la presunción de inocencia, el debido proceso, el derecho a la defensa, nuestros derechos fundamentales y los de las víctimas y el principio esencial de la separación de poderes dentro del Estado social de derecho, lo que demuestra la ilegalidad de nuestra extradición para con ella silenciarnos.

Lo escrito hasta aquí pone de manifiesto algunos de los graves problemas que afrontamos y son ustedes como los representantes de las poblaciones afectadas por el conflicto, unos de los llamados a ayudarnos a solucionarlos, por ello me atrevo a hacerles algunas humildes recomendaciones:

1.- Hacer unas reformas sustanciales a la ley y al proceso de paz, de reconciliación articuladas y complementarias en lo político y social, con reglas claras muy precisas que se puedan cumplir ajustadas a las exigencias de las realidades que no fueron tenidas en cuenta desde el comienzo ni por el Gobierno ni por los legisladores ni por las cortes que no dimensionaron la magnitud del reto y que muestran con absoluta contundencia  su insuficiencia ante el propósito de alcanzar la paz con  verdad, justicia, reparación y no repetición.

2.- Crear un  grupo interdisciplinario conformado por las distintas ramas del poder público que se encargue de ejecutar el proceso de paz dentro del marco de la política criminal planteada dentro del mismo. Por ejemplo, desarrollar versiones libres colectivas y no individuales, implementando una metodología distinta a la actual que sea muy eficiente y coherente con las exigencias del proceso, con el objetivo de darle celeridad para no permitir que los procesos se vuelvan incumplibles e interminables, y evitar que con ello se vulneren los derechos fundamentales de las víctimas y de los desmovilizados. 

3.-  Crear una comisión internacional de la verdad que permita la participación de las poblaciones en la reconstrucción de las realidades que vivieron y que aún viven, creando mecanismos que vayan más allá de lo estrictamente penal y de ser necesario, que se pueda aplicar un principio de oportunidad con la finalidad de hacer viable un diagnóstico real de la verdad que algunos tratan de ocultar y disfrazar utilizando todo tipo de estrategias y eufemismos, diagnóstico que sirva como punto de partida para encontrar fórmulas para alcanzar la paz y evite se siga repitiendo y reciclando el conflicto armado o se siga reescribiendo la historia acomodada  a intereses mezquinos. 

4.- Involucrar la responsabilidad del Estado en el conflicto armado, entre otras, para que no tenga pretexto de encontrarle una pronta solución y no se niegue a reconocer a las víctimas, asuma su reparación integral, eficaz, oportuna y justa sin discriminarles y evite que mañana se sigan presentando más víctimas.

5.- Replantear la política de reinserción que ha sido un fracaso y otras de las causas que han incidido en el rearme de muchos desmovilizados y el genocidio de más de 2.000 de ellos.

6.- Repatriar a los extraditados que estén dispuestos a avanzar en justicia y paz con el objetivo de esclarecer los delitos cometidos durante y con ocasión de la pertenencia al grupo armado, porque los de narcotráfico ya los hemos esclarecido  a las autoridades de Estados Unidos y desde este país jamás nos darán las condiciones para cumplir con las exigencias de la Ley en Colombia y menos con las víctimas. Permitirnos participar del proceso a través de una videoconferencia resuelve el problema accesorio y no el fundamental para el que fue creada la ley.

7.- Implementar mecanismos eficaces con nuestra participación que permitan la erradicación del flagelo del narcotráfico, conozco por qué fallan las estrategias utilizadas hasta hoy, sé cómo ayudarles a reducir los cultivos en más de un 90% en un tiempo no mayor a dos años y a reactivar las economías lícitas que lo sustituyan.

8.- Los delitos de las guerrillas y autodefensas están enmarcados dentro de un contexto de guerra donde ejercieron control territorial, se sostuvieron en él, cobraron tributación, impusieron la ley, la justicia y la disciplina en nombre de una autoridad de facto, etc, etc, como actores políticos del conflicto social armado al que fuimos llevados por la exclusión política, social y económica a la que nos sometió el Estado, por lo que pedimos que se reconozca el delito de la autodefensa como lo que es: un delito político y a su vez la participación de quienes hayan pagado las penas en escenarios públicos y democráticos, para que no tengan que seguir expresando sus ideas políticas a través de las armas y la violencia, para que se puedan reinsertar a la sociedad con todos los derechos y se integren legítimamente a la vida democrática.

9.- Abordar el tema de la tierra dentro del conflicto armado y las reformas necesarias, ya que la inmensa mayoría de tierras usurpadas en esta guerra no están en poder nuestro, sino en poder de aquellos inversionistas que compraron cuando el conflicto estaba en su expresión más álgida y se beneficiaron de ello, con el grave perjuicio de los campesinos y colonos que quedaron en la mitad del fuego cruzado y de un Estado que los desprotegió y no contuvo este conflicto y su barbarie, que él mismo generó con su exclusión, y promovió con sus acciones u omisiones, generando miles de víctimas y millones de desplazados. 

El gobierno, ustedes como Congreso y la justicia deben asumir sus compromisos y responsabilidades para saldar la deuda histórica que tiene el Estado colombiano con la nación entera, al excluirnos de darnos los beneficios de la paz que nos deben y otros más, de los que solo unos pocos gozan, y de proteger y garantizar la vida y demás derechos que esa gran cantidad de colombianos no tienen como hacerlo.

Después de todo lo sucedido no se entendería que no se incluya también permitir nuestra colaboración después de la desmovilización. Permítanme por favor ayudarlos a Ustedes y a la sociedad a mejorar y llevar a buen puerto este primer proceso de paz enmarcado dentro de unos estándares de justicia transicional, soy el mejor ejemplo para que juntos lo logremos.

Con todo respeto,


SALVATORE MANCUSO GOMEZ



________________________________________
[1] Al momento de nuestra desmovilización estaba vigente la ley 600 que permite un máximo de 40 años de condena.
[2] Rebajas: Hasta del 50% por declararse culpable. Hasta del 25% por colaboración (por favorabilidad de la ley 906). De aquí, 3/5 partes  se hacen en la cárcel y a esto se le obtiene  una redención  de 1/3 parte por trabajo y/o estudio.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Carta al Comité Interinstitucional de Seguimiento a la Ley de Justicia y Paz


Bogotá DC. Septiembre 16 de 2009

Señores

COMITÉ INTERINSTITUCIONAL DE SEGUIMIENTO A LA LEY DE JUSTICIA Y PAZ

Ministerio del Interior y la Justicia
Oficina del Alto Comisionado para la Paz
Procuraduría General de la Nación
Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz
Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario. INPEC

Respetados Señores.

El Comité de Presos Políticos de las Autodefensas desmovilizadas, en nombre y representación de todos los Internos Postulados a la Ley 975 de 2005, recluidos en los diferentes pabellones creados para el procedimiento especial de Justicia Transicional, hacemos un llamado URGENTE para efectuar una reunión en el Establecimiento penitenciario y carcelario La Picota, con los Miembros del Comité de Presos Políticos, con el fin de tratar el cambio de procedimiento en la requisa que normalmente efectúan los grupos especiales de remisión, quienes por más de 4 años lo han venido realizando sin que hasta el momento se haya presentado anomalía alguna que amerite el cambio de la requisa regular por la llamada nivel 3, en donde el Postulado es desvestido en su totalidad, quedando solo en ropa interior, situación que atenta no solo contra nuestra dignidad sino la de cualquier ser humano, así se hallare privado de la libertad, como lo manifiesta la Honorable Corte Constitucional en varias de sus sentencias.

Esta determinación, aunada a una serie de decisiones que han venido modificando sistemáticamente el reglamento que inicialmente se acordó con el Gobierno Nacional para dar inicio al componente judicial dentro del marco del Proceso de Paz, Proceso que tiene como principal objetivo el fin primordial de lograr la Paz y la Reconciliación entre los Colombianos, tal como reza en la Constitución Nacional.

Por ello consideramos que determinaciones como esta se muestran totalmente contrarias a este fin, minan la moral de los Postulados que, como lo pueden corroborar las Instituciones que conforman el Comité Interinstitucional, vienen cumpliendo lo acordado al momento de su desmovilización voluntaria, con la VERDAD como principio reparador por excelencia y que es reconocido por otras instancias que ven en esta verdad el soporte del proceso y nuestro compromiso irrenunciable a la NO REPETICIÓN.

COMITÉ DE PRESOS POLITICOS DE LAS AUTODEFENSAS DESMOVILIZADAS

C.C Misión de Apoyo al Proceso de Paz. MAPP – OEA
Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. CNRR
Tribunal Superior del Distrito de Bogotá, Sala de Justicia y Paz.

martes, 25 de agosto de 2009

Carta a los Honorables Magistrados de la Corte Suprema de Justicia de Colombia - Sala de Casación penal

Warsaw, Virginia, 25 de Agosto de 2009.
Northern Neck Regional Jail.

Honorables Magistrados
Corte Suprema de Justicia de Colombia
Sala de Casación penal
E. S. D.

Ref: Proceso de Justicia y Paz –Postulado Salvatore Mancuso Gómez-

Yo Salvatore Mancuso Gómez, identificado con la cedula de ciudadanía 6.892.624 de Montería, me dirijo a Ustedes honorables magistrados en mi calidad de desmovilizado de las extintas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), hoy postulado a la Ley 975 de 2005, -marco jurídico de la etapa judicial nacida de el proceso de negociación político – hoy incierto - que adelantamos con el Gobierno Nacional de Colombia, en el cual fui designado por éste como miembro representante y por mis antiguos compañeros de lucha como Jefe del Estado Mayor Negociador-, para pedirles su intervención dentro del ámbito de la competencia que les señala la Ley como última instancia en el proceso de justicia y paz, e implorarles, que velen y aseguren que los procedimientos que se desarrollan dentro, pero principalmente fuera de Colombia, no sigan impidiendo y dificultando mi compromiso de paz y reconciliación con las víctimas, con Colombia y con el mundo, de seguir sirviendo con mi arrepentimiento por mis errores, mi pedido de perdón, mi capacidad de rectificar y enmendar, pero principalmente con mi decidido propósito de seguir contando la verdad a la que como actor del conflicto tuve conocimiento, y de resarcir a las víctimas, para que los oscuros días que vivió el país –y que aún vive- no vuelvan a repetirse.

También les escribo para dejar una constancia histórica de todos estos hechos y situaciones que manifesté y expresé antes que ocurrieran, y ruego a Dios al plasmarlos en esta carta, podamos encontrarle solución y evitar que se sigan presentando. Entre las muchas cosas, les dije que esa verdad que exigieron con la ley que crearon y que para el momento solo estábamos obligados a decir nosotros no les iba a gustar, porque hace referencia a todos los sectores de la sociedad involucrados con el fenómeno, y no solamente la verdad de la confesión de los hechos que nos involucran a los ex comandantes, que era la que pensó el establecimiento en exigir con el fin de desaparecer sus culpas, limpiándolas con nosotros como chivos expiatorios de toda la complejidad de este fenómeno violento; les dije también que si esas verdades no las contábamos todos los que tuviésemos responsabilidades en el conflicto todos los actores, las poblaciones y nuestras bases sociales que lo padecieron y aun lo viven, nos iban a criminalizar, a estigmatizar, a intimidar, nos atacarían y buscarían la manera de asesinarnos al igual que a nuestras familias y amigos; y así fue, al día de hoy han asesinado a mas de 1.300 desmovilizados de la autodefensas – muchos envenenados y estrangulados en las cárceles del país- al igual que a decenas de familiares de estos, porque existen personas interesadas en que no se confiesen las verdades. Les dije que ante las presiones esa verdad la exigirían en público y la temerían en privado. Igualmente les dije que si no asumía con responsabilidad los compromisos asumidos en el proceso de paz, si no cumplía con su compromiso de reinstitucionalizar el estado en las zonas que les entregue llave en mano y no se erradicaban completamente los cultivos ilícitos de coca, llegarían otros actores o los mismos de antes de apropiarse y a financiarse de ellos, les dije que si los desmovilizados no se vinculaban a trabajos psicosociales y proyectos productivos que cree conjuntamente con el gobierno pero este abandono cuando voluntariamente me recluí en una cárcel que les permitiera hacer el tránsito de la guerra a la paz, estos hombre quedarían expuestos a presiones como mano de obra entrenada para aquellos que quieren perpetuar el conflicto y viven de él.

Desde mucho antes de nacer, mi país ha sido azotado por un conflicto armado que aún se mantiene sin resolver; dentro de este contexto crecí siendo un buen niño, un buen hijo y un buen estudiante, dedicado a las actividades propias del campo y de mi familia en mi natal Córdoba, luego después de graduarme en la universidad me convertí en un ganadero y agricultor. Crecí en mitad de todos los sobresaltos que nos originaban la falta de protección del Estado y la permanente zozobra creada por las guerrillas. Estando en mis oficios del campo como siempre lo he hecho y lo he querido seguir haciendo, el Estado no me protegió cuando la guerrilla me extorsionaba y amenazaba, como tampoco ha querido brindarle protección ahora a mi familia ni a los diferentes pobladores de córdoba ni de Colombia, cuando estas mismas guerrillas, los otros actores del conflicto y la delincuencia los siguen amenazando en un departamento donde ante las incertidumbres e incumplimiento generados por el gobierno en el proceso de negociación, la violencia ha aumentado a índices jamás vistos, pasando de 173 muertes violentas en el 2005, año de la desmovilización del bloque Córdoba, a 540 al año 2008 y aumentando para este año. Ante esta constante creciente situación fui a pedirle protección a las fuerzas militares y políticas de la nación y es aquí cuando resulté reclutado por el Estado y posteriormente entrenado para enfrentar a las guerrillas, convertido así por el Estado en actor del conflicto social armado y político de Colombia, desembocando más tarde en las autodefensas campesinas de Córdoba y Urabá, bajo el mando de los comandantes Carlos y Vicente Castaño. Siendo un miembro de las autodefensas, años después por orden directa de mis comandantes superiores y solamente con ocasión y durante mi pertenencia a este grupo político armado, y dentro de una estrategia de guerra para quitarle la principal fuente de financiación a las guerrillas que enfrentábamos, me vinculé a un proceso de financiación a través del narcotráfico, no como narcotraficante sino como actor del conflicto social armado y político dentro del cual ejercí como estado de facto en algunas regiones de mi país, donde el estado social de derecho legítimamente constituido dimitió de sus funciones. En amplias zonas donde ejercí control territorial me sostuve en él, realicé operaciones militares y políticas sostenidas, impulsé la ley y disciplina, impartí justicia, cobré impuestos y controlé las economías lícitas e ilícitas en nombre de una autoridad de facto; todo esto después de proponerle al gobierno colombiano en 1997, sin que a éste le interesara, erradicar los cultivos de coca en los territorios que entramos a controlar y que le arrebatamos a la guerrilla, como también lo he propuesto y le he rogado al gobierno del presidente Uribe, para que con mi conocimiento y experiencia erradicáramos antes y también después de nuestra desmovilización estos cultivos ilícitos.

Mi historia personal y mi drama reflejan y ponen de manifiesto la tragedia colectiva de un país al que siguen condenando nuestros gobernantes de turno a su presente de guerra, e hipotecando su futuro por la combinación perversa de la prolongación de la guerra fría en esta parte del mundo, el advenimiento del narcotráfico en su fase de globalización y el cáncer de la corrupción enquistado en todas las esferas de funcionamiento del Estado, ante la mirada pasiva de todos aquellos que nos pueden ayudar dentro y fuera de nuestra nación.

Yo he cumplido con todo lo que me ha exigido el Gobierno y la Justicia colombiana dentro de los compromisos que adquirí en el proceso de negociación y desmovilización que adelanté con el Gobierno Nacional, donde lideré todo el proceso de negociación y me desmovilicé con mis hombres sin la existencia de ley alguna que atendiera las circunstancias inéditas de mi caso, para generar la necesidad de la creación de leyes y condiciones necesarias para la Paz de Colombia y la reintegración a la vida civil de todos los actores del conflicto, y además servirle de ejemplo a todos los otros comandantes, combatientes y bloques de autodefensa. Luego de la desmovilización el gobierno me concedió un salvoconducto especial para que trabajara como gestor de paz y pudiera movilizarme y salir a convencer a todas las autodefensas para que participaran del proceso y se desmovilizaran, logrando desmovilizar casi el 100% de las autodefensas con más de 31.000 hombres y entregando más de 18.000 armas, y también para que liderara y trabajara en la erradicación de cultivos ilícitos, donde participe con gran éxito con más de 500 desmovilizados y conjuntamente con el gobierno erradicamos algunas miles de hectáreas, además para que implementara y liderara proyectos productivos de plantaciones agroindustriales y agroforestales con campesinos víctimas del conflicto, desplazados y desmovilizados, y también liderara con el Gobierno la implementación del trabajo psicosocial para la reintegración plena a la sociedad de los desmovilizados. Estando en estas labores como gestor de paz, el presidente Álvaro Uribe Vélez a través de los medios de comunicación nos pidió que nos recluyéramos voluntariamente a una cárcel, a pesar de que los acuerdos eran diferentes; y así lo hice, pero cuando empecé a contar las verdades tal como me lo exigen la ley y mi conciencia, y éstas empezaron a tocar varios intereses políticos y económicos de la vida nacional, me volví incómodo y por todos los medios han tratado de deslegitimarme e impedirme que reconstruya la verdad. Por eso el Gobierno de Colombia me ha impedido reunirme con TODOS los que fueron mis hombres, a pesar que dentro de los acuerdos que hicimos y entre los muchos que incumplió el Gobierno, estaba el de recluir juntos a comandantes y combatientes que pertenecieron a un mismo bloque en colonias penales agrícolas especialmente creadas para este efecto, para que entre otras cosas pudiéramos reconstruir la verdad de tantos años de guerra en el conflicto interno colombiano y lográramos especificar los hechos, los responsables y las circunstancias de tiempo, modo y lugar. 

Para el caso del bloque norte que comandé, el Gobierno se comprometió a recluirme junto a todos los hombres que estuvieron bajo mi mando en la colonia penal agrícola de Urrá, pero el Gobierno no me cumplió y me mandó a la cárcel de máxima seguridad de Itagüí, y a quienes fueron mis hombres los diseminó por todas las diferentes cárceles del país a pesar de que era un compromiso adquirido en las negociaciones y a que el fiscal octavo de Justicia y Paz encargado de mi caso, y yo mismo, le solicitamos en repetidas y reiteradas ocasiones al gobierno nacional y sus dependencias, que así lo hiciera. Debido a este claro impedimento impuesto por el gobierno colombiano con la intención de evitar que reconstruyera la verdad, me di a la tarea de hablar y convencer a los pocos comandantes y compañeros que dejaron a mi lado, de reconstruir los hechos y contar las verdades que nos exige la ley; creé y envié un equipo de abogados a contactar en las diferentes cárceles del país a quienes fueron mis hombres, llevándoles un mensaje claro para que reconstruyeran las verdades y pudieran contarlas, convenciendo antiguos comandantes que estuvieron bajo mi mando que dado el impedimento que el Gobierno nos había impuesto, ellos en las diferentes cárceles lideraran este proceso frente a sus antiguos compañeros; los instruí, les envié el número de teléfono y correos electrónicos dónde contactarme y conseguí los mecanismos cómo contactarlos a ellos, y así poco a poco había venido sorteando el veto impuesto por el Gobierno. Entonces el Gobierno enfurecido y con la intención de callarme me extraditó, y argumentó para justificar mi extradición que no había cumplido con las exigencias de la ley de Justicia y Paz y que seguía delinquiendo desde la cárcel.

Sin embargo, casi un año después de haber sido extraditado el entonces Fiscal General de Colombia, Dr. Mario Iguarán Arana y el jefe de la Unidad de Justicia y Paz, Dr. Luis González León, se reunieron en Washington con el fiscal Robert Spelkee y el agente encargado de mi caso en Estados Unidos y les dijeron que a pesar de la extradición por parte del Gobierno Colombiano, ellos no conocían los motivos por los cuales se produjo esta decisión y que no tenía pruebas de que hubiera delinquido luego de mi desmovilización. Inclusive, luego de esto el mismo Fiscal Iguarán ratificó públicamente y ante los medios de comunicación de Colombia que no existían pruebas que me vincularan con actividades ilícitas luego de mi desmovilización, colocándome permanentemente y de manera pública como ejemplo a seguir en el cumplimiento con la ley de Justicia y Paz y con el proceso de paz y de reconciliación. El fiscal octavo de Justicia y Paz que lleva mi caso y de quienes fueron mis hombres, avanzó en el mismo sentido y en reunión que tuvo con el fiscal de Estados Unidos Robert Spelkee y le dijo lo mismo.

El Gobierno Colombiano, ustedes y yo, sabemos que bajo las condiciones actuales en las que me encuentro no voy a poder cumplir cabalmente con las exigencias de la ley de Justicia y Paz, y espera aquel que no pueda avanzar por pura incapacidad logística y física, para poder acusarme en ese momento de incumplir las exigencias de la misma, y aprovechar y juzgar a quien cargarle la responsabilidad del conflicto que existe desde antes de mi nacimiento, ya que a influyentes y poderosas personas les interesa perpetuarlo y sacarle el máximo provecho para sus mezquinos intereses, y querrán utilizarme como chivo expiatorio criminalizándome y acusándome del incumplimiento para luego cerrarme los pocos espacios de interlocución que me quedan y termine aislado e incomunicado en una prisión de Estados Unidos.

La búsqueda de la paz y la reconciliación me la han convertido en un largo, difícil y tortuoso camino y solo he encontrado que me han ido cerrando todos los caminos y espacios posibles a mi anhelo de paz y reconciliación para Colombia, a mi anhelo de volver al seno de mi familia de donde me arrancó la guerra reclutado por el Estado, y a mi deseo de darle y recibir el amor y dedicación a mis hijos, a mi esposa y a mi familia que el conflicto y la vida me ha negado y que deseo con todas las fuerzas de mi alma y de mi corazón; a mi firme compromiso de seguir convenciendo a los otros actores del conflicto y a los desmovilizados que se miran en mi espejo, para que no sigan transitando o volviendo a transitar el camino del conflicto que no nos dejan desactivar, porque hasta ahora lo que hemos visto es que es más difícil alcanzar la paz y la reconciliación que seguir en el conflicto.

Por razones políticas, el Gobierno Colombiano reitera continuamente que la existencia de acuerdos de cooperación entre Estados Unidos y Colombia, que aun no existen, garantiza el conocimiento de la verdad del conflicto armado y que si tal conocimiento no se verifica es por la ausencia de voluntad de cooperación mía y de los demás extraditados. Sin embargo, la práctica ha demostrado que la sola comparecencia nuestra a las audiencias virtuales de versiones libres y la creación del cargo de un magistrado auxiliar de enlace para que coordine dichas audiencias, no garantiza que podamos reconstruir las verdades de tantos años de conflicto y que para poder reconstruir las circunstancias de tiempo, modo y lugar de más de 10.000 hechos que se le atribuyen a los miles de hombres que tuve bajo mi mando y que la Ley de Justicia y Paz me exige no solo reconstruirlos y verificarlos, sino también, asumir la responsabilidad de ellos por cadena de mando bajo el concepto jurídico de autor mediato, hoy no están dadas las condiciones y creo nunca lo estará dentro de estos regímenes carcelarios.

Para lograr estos objetivos se requiere documentar todos estos hechos con los responsables directos, con las víctimas y/o sus representantes y estudiar, analizar y verificar miles de procesos judiciales que existen en justicia ordinaria y también en Justicia y Paz, y en donde debo ver y escuchar miles de horas de audiencias virtuales para verificar si los hechos confesados por los miles de hombres que estuvieron bajo mi mando están enmarcados dentro de las directrices generales que recibí de mis mandos superiores y que en tal sentido les impartí a quienes fueron mis subalternos. De igual manera la ley me exige reconstruir las circunstancias de tiempo, modo y lugar de los hechos que aún no se conocen y que, menos aún, se encuentran documentados o de los que se tiene algún conocimiento y no se conoce su responsable. Tampoco dice el gobierno que confía en que mis condiciones de reclusión en los Estados Unidos sigan siendo las que son y aun empeoren de tal manera que no pueda de ninguna manera realizar una colaboración eficaz con la fiscalía de Justicia y Paz. La lógica perversa consiste precisamente en apoyarse en la aplicación de Justicia en los estrictos regímenes carcelarios de los Estados Unidos para impedirme cumplir cabalmente con mi voluntad de asegurar el esclarecimiento de la verdad a la que estoy comprometido en conciencia y en razón de mis compromisos asumidos tanto con la Justicia colombiana como con la de Estados Unidos.

En conclusión: El trabajo que permanentemente hice mientras estuve en Colombia hasta antes de mi extradición con quienes fueron mis hombres para reconstruir la verdad tal como me lo exige la ley, me ha alcanzado para avanzar este tramo de tiempo durante el cual he estado extraditado y privado de las condiciones necesarias para seguir reconstruyéndola, y a pesar de toda la voluntad de seguir avanzando y del gran conocimiento del entramado del conflicto que tengo, reconstruir estas verdades con las circunstancias de tiempo, modo y lugar, requiere de un espacio y de una logística necesaria para hacerlo que las cárceles de este país no me ofrecen. Para que todo esto no se me convierta en un imposible físico, logístico y jurídico, para que no me trunquen mi compromiso a pesar de toda la voluntad y de todo el deseo de cumplir con la reconstrucción de la verdad que la ley colombiana y el acuerdo que firmé con los Estados Unidos me exige, y pueda con ello contribuir a la paz y a la reconciliación de Colombia por la que tanto he luchado y soñado, les ruego que entiendan todos estos obstáculos, dificultades, impedimentos, incumplimientos, traiciones, bloqueos, ataques, exclusión, venganza, retaliaciones, estigmatizaciones, extradición y aislamiento que he recibido del Gobierno Colombiano y conmigo, la nación entera con la esperanza de paz y reconciliación de millones de compatriotas. Prueba contundente que este gobierno necesita dentro de sus planes estratégicos mantener y prolongar el conflicto armado y el narcotráfico para que su política de seguridad democrática se haga siempre necesaria. No quiere la paz y son elocuentes los hechos que así lo confirman.

Por todo esto les pido su intervención, para superar estos graves problemas y que me permitan cumplir con mi compromiso de paz y reconciliación con Colombia y con las víctimas, seguir liderando y participando el proceso de negociación político – hoy suspendido - que adelanté con el gobierno y seguir avanzando con el cumplimiento de la etapa judicial de este proceso de negociación, para lo cual es necesario disponer de medios de comunicación permanente, eficientes y fluidos, tiempo amplio y suficiente para trabajar horas extras y a marcha forzada, además de un lugar que me permita reconstruir la historia de tantos años de conflicto donde pueda almacenar, clasificar, analizar, estudiar y trabajar en las circunstancias de tiempo, modo y lugar con toda esta gran cantidad de información en medios físicos y magnéticos, y donde pueda atender al múltiple equipo de abogados colombianos y americanos comprometidos conmigo en esta ardua y difícil labor, sin la restricción de horarios y espacios para trabajar a los que me he encontrado sujeto dentro de las cárceles donde he estado en los Estados Unidos. Horarios que varían de 1 a máximo 4 horas por día en el mejor de los casos, esto cuando no son inadmitidos mis abogados por falta de personal disponible para mi custodia durante la visita, sin contar el tiempo de espera a veces hasta de 5 horas para poder ingresar a verme.

Negarme estos espacios es permitir que la impunidad que quieren pocos, pero poderosos e influyentes personajes en Colombia, triunfe. Es darle un golpe de gracia a las víctimas y desconocer sus derechos a la verdad y a la reparación, es impedir su derecho a la justicia y permitir que continúe el conflicto social, armado y político que padece Colombia hace casi 60 años, es permitir que triunfe la corrupción y la impunidad. He mostrado con honestidad y transparencia mi cumplimiento ante las exigencias que me han hecho, y ante mi intención de construir la paz y la reconciliación no me he quedado solamente en palabras, promesas o caminos a medio recorrer o abandonados ante los primeros obstáculos, he aportado aproximadamente 40 millones de dólares en Colombia para reparación y restitución a las víctimas sin que aun el principio de oportunidad se le haya concedido a los testaferros, y a pesar que la honorable Corte Suprema de Justicia profirió un fallo hace dos años en el que ordena al gobierno nacional y a las instituciones encargadas de recibir los bienes ofrecidos en reparación, proceder a ello sin dilaciones, aun no me los han recibido, argumentando todo tipo de pretextos; he dicho la verdad y sigo comprometido en reconstruirla a pesar de todos los obstáculos, he implementado proyectos productivos que benefician a las víctimas y les he pedido perdón públicamente y en privado en todos los escenarios posibles.

Continúo firme con mis compromisos y mi lucha por alcanzar la verdad, la paz y la reconciliación de Colombia sin condiciones, pero con necesidades básicas para poder cumplir; firme en mi propósito de ser un constructor de paz en mi país para que los sucesos trágicos de la historia colombiana de los últimos sesenta años, el conflicto armado y sus secuelas de narcotráfico y crimen organizado no se sigan reproduciendo, por lo que creo plenamente que su intervención eficaz y oportuna, Honorables Magistrados, en este caso y por ser yo quien encarna de manera directa el fenómeno del paramilitarismo y la autodefensa, es crucial para que la verdad del conflicto armado colombiano se conozca, de tal manera que de este conocimiento se derive la propuesta de alternativas que combinen la aplicación de estricta justicia con la implementación de medidas políticas que propicien la construcción de paz en Colombia, al tiempo con el diseño de un Estado y una democracia que derroten el crimen y la corrupción que alimentan la exclusión, la inequidad y la injusticia social.
De los señores magistrados,

SALVATORE MANCUSO GOMEZ

C.C. Dr. Guillermo Mendoza Diago
Fiscal General de la Nación
Dr. Leonardo Cabana Fonseca
Fiscal 8 de Justicia y Paz
Dr. Luis Moreno Ocampo
Fiscal CPI
Dr. Baltazar Garzón
Juez CPI
CIDH (Corte Interamericana de Derechos Humanos)
Dr. Iván Cepeda Vargas
Presidente MOVICE
Victimas Bloques Catatumbo y Cordoba