lunes, 6 de septiembre de 2010

Carta de ex comandantes paramilitares recluidos en Itagüí dirigida a la Presidenta de la Comisión de paz


Cárcel de Itagüí, septiembre 6 de 2010

Doctora
PIEDAD CORDOBA RUIZ
Presidenta de la Comisión de Paz del Senado de la República
Bogotá

Respetuoso saludo

En días pasados con motivo de la visita a la cárcel de Itagüí de la Comisión encabezada por Usted y el doctor IVAN CEPEDA, tuvimos la oportunidad de darles a conocer, entre otros asuntos, nuestra visión sobre la trascendencia de los proyectos relacionados con la temática cardinal de la ley de víctimas y de la ley de tierras, próximos a ser debatidos en el Congreso de la República.

Asimismo hicimos ante Ustedes una exposición sucinta de las falencias y vacíos del proceso de paz con las extintas Autodefensas Campesinas, abandonado por el Gobierno a mitad del camino, y de las graves inconsistencias, incertidumbres, inseguridad jurídica, incoherencia y extemporaneidad de la ley de Justicia y Paz, como instrumento idóneo para la pacificación del país.

Sea propicia la ocasión para que a través de la Comisión de Paz presidida por Usted, los suscritos, en nombre de los desmovilizados del país formalicemos ante el Congreso de la República, como representante de la nación nuestra firme voluntad de coadyuvar y aportar en todo en cuanto pueda fortalecer desde nuestra experiencia y conocimientos, el proceso de sustentación argumental de los importantes proyectos mencionados, y de aquellos que contemplen reformas que doten de eficacia real el marco jurídico para el logro de la paz.

Nuestra intención se enmarca exclusivamente dentro de un sano propósito en favor de la paz, como predicado supremo de la nación y deber de todos los colombianos

Para efectos de concretar los términos de ésta manifestación de voluntad solicitamos a la honorable Senadora, Presidenta de la Comisión de Paz, considerar una visita de dicha Comisión al Pabellón de Justicia y Paz de la Cárcel de Itagüí

Respetuosamente,

FREDDY RENDON HERRERA
TD.2923

RODRIGO PEREZ ALZATE
TD. 2920

ARNUBIO TRIANA MAHECHA
TD. 2934

IVAN ROBERTO DUQUE GAVIRIA
TD. 2920

RAUL HAZBUN MENDOZA
TD.3484

JORGE IVAN LAVERDE
TD. 742


miércoles, 25 de agosto de 2010

Carta al Dr José Miguel Insulza

Penitenciaria la Picota de Bogotá, Agosto 25 de 2010

Doctor
JOSÉ MIGUEL INSULZA
Secretario General de la OEA
ORGANIZACIÓN DE ESTADOS AMERICANOS

De nuestra mayor estima:

Nos congratulamos por su presencia en Colombia y encontramos propicia la ocasión para agradecer públicamente en su persona el valioso aporte que la Misión de Apoyo al Proceso de Paz (MAPP-OEA) con las Autodefensas Campesinas ha venido brindando, desde enero de 2004, al tránsito de la guerra a la civilidad que más de 30.000 ex combatientes de las autodefensas estamos protagonizando en pos de afirmar los caminos de la Paz y la Reconciliación Nacional.

Nos dirigimos a Usted en nombre de todos los desmovilizados de las Autodefensas Campesinas y especialmente de quienes estamos recluidos avanzando en el marco de la Ley de Justicia y Paz, tanto aquí en Colombia como en los EEUU, manifestándole que nuestra voluntad inquebrantable sigue siendo la de continuar avanzando en el Proceso de Paz y respondiendo rigurosamente los requerimientos de la Ley.

Valoramos positivamente y compartimos con la MAPP-OEA las preocupaciones que revelan sus sucesivos Informes acerca de los inconvenientes y riesgos que se han derivado de tan arduo intento pacificador como el que el Gobierno Nacional y las Autodefensas Campesinas han asumido desde 2002 en las diferentes fases de Exploración, Negociación, Desmovilización, Reinserción y presentación ante los Tribunales de Justicia y Paz.

Punto sensible de extrema importancia es el asunto del sometimiento a la Ley 975, de Justicia y Paz, pionera en materia de Justicia Transicional y Restaurativa, que ha evidenciado durante su aplicación que exige ser perfeccionada, modificada en su articulado y simplificada en sus procedimientos , así como disponer de una mayor dotación de recursos humanos, económicos y logísticos, para convertirse en el instrumento legal que responda con celeridad y garantías del debido proceso, a quienes estamos en el país o fueron extraditados por causa de nuestra participación en el conflicto armado interno en situaciones tan intrincadas y vastas, inéditas en la historia de la Justicia en nuestro país. Esta adecuación de la Ley a la materia juzgada se requiere con carácter de urgencia para que no se esterilice en un laberinto sin fin, que vuelva imposible su cumplimiento.

Las características irregulares del conflicto armado, con sus variables múltiples y entrelazadas y sus conexiones sociales, políticas y económicas, nacionales e internacionales, tan complejas de desentrañar conspiran contra la eficacia del instrumento legal, y amenazan seriamente el conocimiento de la Verdad, la Reparación de las víctimas, la aplicación de la Justicia dentro de los tiempos previstos, y con ello la seguridad jurídica de todos los involucrados se vuelve inexistente. A grandes males, grandes remedios, y si habrá que llegar a cambios en la Constitución, incluso una Constituyente, Colombia deberá afrontar la misión de hacer posible la Paz no solo con quienes ya nos hemos desmovilizado sino con todos aquellos que permanecen alzados en armas y están dispuestos a seguir nuestro camino de regreso a la civilidad.

Si somos firmes en dar a conocer los obstáculos que se atraviesan en el camino de quienes hemos decidido y protagonizado nuestra desmovilización para sumarnos desde la civilidad a una democracia más inclusiva, más justa y representativa, es porque somos conscientes que detrás nuestro hay miles de colombianos queriendo salir de las fauces de la guerra pero han perdido la confianza en la palabra de los gobiernos pasados, desconfían de las instituciones y recelan de las garantías que el Estado les ofrece.

Por lo anterior, nos sentimos en la obligación moral de insistir ante quien corresponda, y lo hacemos hoy ante la OEA, ante Usted, en su carácter de Secretario General, sobre aquello que principalmente se interpone entre nuestra voluntad inquebrantable de cumplirle a Colombia y la necesidad de ambientar en nuestro País un clima social y político que haga posible un Gran Acuerdo Nacional de Paz con todos los alzados en armas y entre todos los Colombianos.

Urge la validación histórica que dé cumplimiento a los acuerdos pactados entre el Gobierno Nacional y las Autodefensas Campesinas, de los cuales la MAPP-OEA es testigo y garante de primera mano, así como la necesidad impostergable de reformar la Ley 975, de Justicia y Paz, para que ofrezca seguridad jurídica a los postulados, garantías de satisfacción y Reparación a las víctimas, y conocimiento de la Verdad a Colombia y el mundo.

Quedamos a su entera disposición y cuenta la MAPP-OEA con nuestro testimonio permanente y solidaridad con su labor.

Con todo nuestro respeto y consideración,


COMITÉ DE PRESOS POLÍTICOS DE LAS AUTODEFENSAS DESMOVILIZADAS, PABELLÓN DE JUSTICIA Y PAZ PENITENCIARÍA LA PICOTA DE BOGOTÁ

martes, 6 de julio de 2010

Carta a Gustavo Petro Urrego e Iván Cepeda Castro

Colombia, 6 de julio de 2010

Doctores
Gustavo Petro Urrego
Senador de la República
Iván Cepeda Castro
Representante a la Cámara Electo
Bogotá

Respetados doctores:

Los ex comandantes desmovilizados de las autodefensas campesinas, actualmente acogidos al régimen de justicia transicional contemplado en la ley 975 de 2005, respetuosamente nos dirigimos a usted con el fin de formular algunas comedidas reflexiones, a propósito de su propuesta al presidente electo doctor Juan Manuel Santos, encaminada a considerar, entre otros, la temática de víctimas y tierras, como componente del gran Acuerdo de Unidad Nacional.

Comenzamos por reiterar, en cuanto a las víctimas del conflicto interno respecta, que ninguna posición o aporte nuevo que pudiera considerarse, podrán ser ajenos a los referentes de la verdad y la reparación, obligaciones que hemos asumido como condiciones sustantivas de la justicia conmutativa, de la cual fue oferente el Estado en representación de la nación, como el instrumento de superación de la violencia desatada por los aparatos armados organizados, tanto en el interior del fenómeno paramilitar cuanto en el seno del movimiento guerrillero.

Para hablar sólo de lo que a nosotros concierne, significamos con lo expresado en las últimas líneas, que el aparato armado –inmerso dentro del fenómeno macro del paramilitarismo- constituye la punta del iceberg de este fenómeno cuya magnitud, aún no se ha exhibido ante los ojos del país en su real dimensión. Mientras tal circunstancia perviva, el paramilitarismo, hijo de la impunidad consentida, reproducirá en el tiempo y en el espacio, como la hidra de Lerna, su brazo armado.

Creemos, a modo de ejemplo, que cuando el Dr. Petro plantea ante el país la existencia en abstracto de 4 millones de hectáreas de tierra del más alto valor comercial, en manos del paramilitarismo y de lo que denomina las mafias del poder, no podrá estar refiriéndose al reducido número de dos docenas de ex comandantes de las extintas autodefensas, sometidos voluntariamente a la Justicia, como dueños en la sombra de semejantes extensiones. Pensando que sus cálculos, acaso discretos, abarcan la cobertura del fenómeno paramilitar en pleno, donde campean políticos, empresarios, funcionarios de alto nivel, grandes contratistas, inversionistas extranjeros y miembros de la fuerza pública. Todos ellos, ojalá, tan próximos a los beneficios de la Justicia de transición, como lo tendría que ser ante la sociedad su honesto compromiso con la verdad y la reparación, expuesta y jurada en los mismo escenarios judiciales, adonde concurrimos hoy nosotros bajo igual consigna y desde luego con la promesa irreversible del NUNCA MÁS.

Si ciertamente la opinión pública miró con beneplácito los alcances del inconcluso y controvertido proceso de paz, entre el Gobierno Nacional y las autodefensas campesinas, en cuanto a la real desactivación de las estructurar armadas, que eran la fuerza de choque del fenómeno paramilitar; tampoco resulta menos cierto que el país continúa evidentemente insatisfecho, y confía que la ley de Justicia y Paz, enfocada hoy principalmente a los ex combatientes, sea sometida a los ajustes que aconsejan las circunstancias actuales, para que realmente se convierta en el instrumento idóneo que le ponga fin al fenómeno paramilitar, el cual no estuvo en el orden del día de la mesa de negociación ni interesó al proceso de paz aludido.

Estamos atentos y muy interesados en participar y aportar, por los medios que se nos facilite, en el debate que insinúa la propuesta al nuevo gobierno. Nos parece que el problema concreto del acaparamiento de la tierra, la usurpación y concentración de la propiedad agraria, la violencia y el desplazamiento en el campo, y la consiguiente injusticia social contra el campesino, temáticas en las que con tanto empeño han persistido Uds., atienden y comportan situaciones no conocidas, las cuales por esta razón tampoco han sido abordadas dentro del contexto de la llamada verdad verdadera… aquella que nosotros conocimos, vivimos y protagonizamos durante más de 25 años de permanencia en los escenarios del conflicto.

De nada valdrá la desmovilización y desarme de las estructuras de autodefensas; de nada valdrá la comparecencia de los ex combatientes a la Justicia; de nada valdrá la aplicación del beneficio punitivo de la pena alternativa; en fin, de nada valdrá la verdad y la justicia a medias si quienes personifican el fenómeno paramilitar desde los distintos estadios de la sociedad y el Estado continúen agazapados detrás de los parapetos del poder político y económico, evadiendo a cualquier precio, la responsabilidad que están llamados a asumir.

Es incuestionable que la paz se construye a partir de los presupuestos básicos de Justicia, Verdad y Reparación. Pero no es dable concebir que este compromiso sea únicamente deber de quienes materializaron la guerra. La para-política como la para-institucionalidad, la para-economía, entre otros, tienen su puesto en el banquillo de los acusados, como hoy lo tenemos en las cárceles quienes hartados de la guerra asumimos el gesto honesto de renunciar a la violencia, presentándonos ante Colombia con el único rostro que poseemos.

Con nuestros más sinceros deseos de aportar a la construcción de un mejor país.

Respetuosamente,

FREDY RENDÓN HERRERA
RAÚL EMILIO HASBÚN MENDOZA
RODRIGO PÉREZ ALZATE
ARNUBIO TRIANA MAHECHA
JORGE IVÁN LAVERDE ZAPATA
ÁLVARO SEPÚLVEDA QUINTERO
EDWAR COBOS TÉLLEZ
JESÚS IGNACIO ROLDÁN